jueves, 11 de diciembre de 2014

EL BANDIDO DE POSTÍN WILLIAM WALKER.

 
Willian Walker.
 
Amigos invisibles. Como en todas partes se cuecen habas en esta oportunidad vengo a reseñar la historia de un brigante y nada menos que de los Estados Unidos, suerte de antepasado en los asuntos de Bonnie y Clyde, artistas escénicos  en los anales de lo rocambolesco que dejaron una fama casi increíble de hazañas delictivas terminando su andar en la Bolivia de aquellos tiempos indígenas que se recuerdan hasta en la pantalla chica de Hollywood y cuyo paso agridulce se mantiene presente como parte de los sinsabores americanos.  Sobre esos parámetros excitantes expresaremos que juntas pero no revueltas  han existido por mucho tiempo las relaciones americanas norteñas con los países del Sur, ya que para extraer ejemplos si bien el bucanero o mejor ”filibustero” Walker proviene del Norte tan arraigado a los principios cristianos, Pancho Villa es otro ejemplo mayor de quien aquí hemos contado historias espeluznantes que provienen del Sur y con ellas hizo también de las suyas a pesar de los pesares, porque a todos estos personajes se les recuerda y pone atención pues son piezas casi de museo dentro de las fatalidades en que anduvieron pellizcando noticias en los andurriales de la historia latinoamericana. Y anoto todo este reclamo metafórico porque siempre se ha pensado que entre los malos y buenos a señalar tenemos mejores ejemplos escogidos de la raya fronteriza mej(x)icana para abajo, y que los otros actuaron ayunos de mayores problemas a puntualizar, lo que sin tapujos es una real mentira.
            Pues bien, para conocer esta película secuencial debemos decir que el siglo XIX fue difícil para ambos lados del continente americano, porque sin andar asentado quimeras estrafalarias parecía un hervidero de pasiones y de creencias pueriles a punto de estallar. Y si a bien vamos, por ejemplo los Estados Unidos estaban divididos en múltiples pedazos, valga la expresión, y el tira y encoje de los bandos extremos mantenía en un rollo permanente que si los problemas con el Canadá inglés, que si los rusos por allá en Alaska, que si los  franchutes aspirando en el norte otro pedazo francófono, que si los indios de la pradera con bisontes deseando exterminar a los invasores, que si tanto buscador de oro recorriendo extensiones para crear problemas, y más también con el mundillo navegante del mar Caribe, y otro tanto o más  injertado con el perenne dolor de cabeza que a los gringos representaba los machos mejicanos y las pandillas centroamericanas. Esto lo expreso para que ustedes refresquen la memoria, como dicen los galos entendidos, “de aquellos tiempos del can-can”. Y que nos defienda nuestro valeroso beato José Gregorio Hernández.  
Actor Marlon Brando (Willian Walker).
            En ese mundillo romántico y exagerado del siglo XIX donde todo era válido para no quedarse atrás, la inquina lejana sostenida por intereses imperiales reflejada en los pasos a dar sin que se guarden distancias atrevidas, estaba en marcha con la cobija de diferentes intenciones, y como cualquier componenda era propicia para eludir la ley porque el máximo poder pendía de las pistolas y los cañones, siempre los Estados Unidos anduvieron con la mirada puesta en el Sur de sus intenciones conquistadoras, y porque hacía el Norte pegaba mucho el frio, supongo yo que eso murmuraban las familias cuáqueras o no al ver colgar los cristales de vidrio cargados de nieve fuera de sus hogares, y más cuando apareció otro fenómeno a raíz del crecimiento poblacional esclavo, base económica de muchos capitales en aumento, porque los americanos de este tiempo eran trabajadores de corazón y con el problema de las dos Américas que tenían a resolver, es decir la blanca y la negra, la libre y la servil, ello acarreaba bastantes disgustos encontrados, y más con el asunto pendiente de la mano de obra del algodón esclavista, importante espina dorsal de su crecimiento a futuro.  Sobre estas preocupaciones alarmantes las relaciones Norte-Sur marchaban no “uber alles”, como se quisiera en esa guerra de secesión no declarada o por hacerlo que como un quinquenio tuvo incendiado a ese país dando por tanto origen a toda suerte de nuevas fantasías bañadas en sangre y de rencores que aún pensándolo bien, pueden subsistir.  
Sobre los fundamentos de estos principios antiéticos puestos al desgaire es que nos vamos a referir al personaje y sus hechizos que encabeza el título, expresando desde luego que dentro de las contradicciones de aquel tiempo azaroso, grotesco y raro fue ver transitar por tanto medio falso a una persona que desde la cuna era llamado a ser casi angelical, con predestinación para convertirse en un emisario benefactor a objeto de ejercer la caridad y el amor al prójimo, sin distinción de color u origen, y que mediante destinos manifiestos por obra de aquel olor a pólvora permanente, fue todo lo contrario en su vida de agitación, porque los padres bien le educaron, con amor a Dios y a la Iglesia presbiteriana calvinista, con los ejemplos de la Biblia siempre presente y varias instrucciones universitarias que obtuvo para darle el consabido prestigio suficiente, pero que sin embargo y porque el Diablo en este caso no estaba de acuerdo, acicateó a nuestro “hermano” William lanzándolo por el camino de la picaresca, la subversión y de los intereses realmente aventureros.
Cornelio Vanderbilt.
 Para reescribir tantos pasajes de su vida cambiante sobre quien tratamos de fotografiar con cámara incómoda de la época y en un carnaval de detalles para recoger luego, diremos que el señor Walker era un hombre excepcional, terco de ideas, digno, adusto y calvo, rubio,  de ojos azulgrisosos, flaco, en esencia puritano, de mediana estatura, encantador en el trato, culto y no del montón, reservado, inquieto a momentos, , frío de carácter, disperso en la manera de alinear algunos planes aunque locuaz, melancólico a veces, calculador, con riesgo de sus obras, incansable viajero, testarudo o empecinado, político y hombre público, con suficiente formación universitaria de la época, políglota, idealista, utópico, de tendencia esclava por la raigambre conservadora de su estirpe, extraño porque quería casarse con una sordomuda, Mary Ellen, quien con veinte primaveras pronto muere de fiebre amarilla, revolucionario en algunas creencias afrancesadas liberales con que regresa de Europa luego de 1848 pero que de seguidas las adapta al momento, hombre de pluma también porque dirige el periódico Daily Crescent, de Nueva Orleans (1850), como el Daily Herald de San Francisco, y así podría anotar otros detalles máximos y mínimos que pueden extraviarse, digo, de donde no es posible alcanzar tal abanico  existencial en esta crónica que debe tener a ustedes en ascuas, pero sí vamos a introducirnos en el personaje tan ambiguo e impactante, interpretado en una película por Marlon Brando en 1969 (“Queimada”), análisis interesantes de quien pude estudiar y medio comprender en el viaje que realizara a Managua en agosto de 1972, cuando visito ese país para ampliar conocimientos sobre el obispo y filósofo chileno fray Alonso Briceño.
Manos de Esclavos.
  El doctor universitario William Walker nació en Nashville (8-5-824), ciudad americana sureña, conservadora y fluvial surmontada de problemas esclavistas, obteniendo  muy joven un lauro de médico por allá en 1838 (de catorce años, como lo asiento), y pronto su padre, banquero escocés, lo envía a los centros universitarios europeos pasantes de Edimburgo, Gotinga y Heidelberg (¡nada menos!), con lo que se titula finalmente de doctor en Medicina, (Univ. De Pensilvania, Filadelfia, 1843, donde ejerce dos años más tarde). Regresado a su patria y con el aliciente de más aprender inicia estudios de Leyes en Nueva Orleans, hasta licenciarse y ejercer esta compleja profesión en tiempo posterior, o sea en San Francisco y la cercana Marysville.  Después, en 1851 con otro cosquilleo de saber ensimismado lo encontramos regentando, pues, el periódico Daily Crescent, entonces de tendencia liberal antiesclavista, con sede en Nueva Orleans, y luego en San Francisco ejerce el periodismo con el “Nuevo Herald” de ese mismo nombre portuario. Y dentro de esta cabeza privilegiada que  pronto se perdiera en elucubraciones fantasiosas, estudia igualmente Derecho, como dije, para trabajar con ello en Nueva Orleans, la costa californiana de San Francisco y por ende la cercana Marysville. Eso sí, es raro y excitante sujeto a mayor profundidad todo cuanto hasta ahora he escrito sobre William Walker, porque su pasión científica y serena de un inicio fue desviada por los acontecimientos graves que viviera lleno de rencores raciales y acomodos económicos de aquella sociedad convulsa, de donde pronto ese caudal de circunstancias anómalas  le encaminan por la aventura sin fronteras que lo lleva a los más insólitos teatros de actividad “filibustera” de estas regiones sureñas,  y en ello iguala con todo lo que puede usted haber visto en la secuencia cinematográfica “Lo que el viento se llevó”, que en esta materia es una de las joyas primarias dentro de dicho novedoso arte de la comunicación.
Lápida de William Walker. Trujillo-Honduras.
 Pues bien, premunido de esas ideas extremas  y ante la necesidad de encontrar un camino esclavista para obtener refuerzos en caso de triunfar los proyectos libertarios de la mano de obra barata que aún existe en el Sur americano, al frente de un grupo de mercenarios entrenados en 1853 cruza la árida frontera e invade el territorio mejicano, proclamando la independencia de la Baja California y de Sonora (que convierte en República), con el fin de su anexión posterior a los Estados Unidos, cuestión que luego se viene abajo al no encontrar medios de subsistencia en tales lugares inhóspitos, de donde en mayo de 1854 con los suyos debe regresar sin éxito a los Estados Unidos, siendo liberados de culpas casi de inmediato, mientras  lo aclaman en San Francisco como a un héroe. Pero ya encendido con la política de entonces y como la idea esclavista seguía pendiente en la cabeza de Walker, lo que luego dio pie al concepto trillado de América Latina (1856), en 1855 reúne otro grupo de seguidores alucinados y con un rifle nuevo tipo winchester (Minie, y revólveres Colt)  el incansable aventurero parte del inquieto puerto de San Francisco hacia la revoltosa Centroamérica, llena ella de pequeños caudillos, de facciones y de posibles componendas políticas, llegando así a Nicaragua por la vía del Pacífico y entendiéndose allí con una facción  liberal y falangista insurgente que lucha por el poder al estilo de la famosa y posterior “Legión del Caribe”, por lo que luego de desembarcar en El Realejo se atreve con los suyos a abordar un barco del millonario norteño y halcón yankee Cornelio Vanderbilt, que hacía el transporte de pasajeros y carga por el Gran lago de Nicaragua para evitar el viaje pedestre atravesando a Panamá.   Una vez cumplidas estas hazañas bandoleras preñadas de historia que recuerdan a nuestro admirado general Augusto César Sandino, con la mente hacia adelante Walker y los suyos en rápida sucesión de hechos toman la fortificada ciudad nicaragüense de Granada y con ello olvidando los aspectos legales de su correría en junio de 1856 el filibustero (nombre puesto a estos grupos enguerrillados) Walker asume sin más la dictadura del país, se eleva a General en Jefe, derogando con una farsa electoral la ley que prohíbe la esclavitud, y por ende los cuestionados atributos presidenciales.  Así, ya dueño de Nicaragua, el norteamericano es ascendido de otra forma inelegante a General en Jefe de sus fuerzas y mediante una farsa descarada electoral a troche y moche gobierna el pequeño  país por sí mismo o mediante el títere que nombra, Patricio Rivas, como Presidente de la República, de donde pronto se incauta de los barcos de tránsito del norteño Vanderbilt, con fines pecuniarios  y para traer nuevos mercenarios del Norte americano, pues mantiene la idea atrevida de apoderarse de toda Centroamérica, con fines esclavistas y que vive entre discordias, para confederarla con los Estados del Sur de la Unión, de donde proviene este aventurero  de sueños indigestos por demás extraño. Y para proseguir en la carrera iluminada que se ha impuesto reforma el gobierno en junio de 1854, se erige a su vez en Presidente (1856) y  de seguidas el 22 de septiembre  alegando necesidades económicas y en apoyo a los estados esclavistas de Norteamérica el discutido Walker anula en el país centroamericano todo lo referente a las leyes abolicionistas, de donde el gobierno del negrero y terrateniente Walker (ojo) en 1856 fue aceptado oficialmente por los Estados Unidos y se le reconoce  en la majestad presidencial ese mismo año.
En vista de los descaros de tan insostenible situación de horror  y despotismo se forma una coalición de estados centroamericanos apoyados por el poderoso Vanderbilt, que declara la guerra frontal al Presidente Walker, y éste con un heteróclito ejército compuesto por norteamericanos, alemanes y franceses de fortuna a las órdenes del coronel Schlessinger invade a Costa Rica, de donde pronto son expulsados  los mercenarios mediante la bizarría  de las tropas conducidas por el Presidente Mora Porras. Mientras Walker recibe  por la vía del tránsito acuático (Gran lago de Nicaragua) varios refuerzos y auxilios de los Estados Unidos, donde en el Sur de este país la imagen de Walker se perfila como la de un héroe, de otro lado se suceden los combates sangrientos de Santa Rosa y Rivas, al tiempo que Guatemala y El Salvador se suman a esta guerra ideológica, extraña, y por ello sitúan sus fuerzas en León de Nicaragua. Dentro del generado conflicto  en el combate de San Jacinto cae Byron Cole, lugarteniente de Walker, quien entonces ataca a Masaya, sin poderse en verdad medir con las tropas aliadas, y entre esta última ciudad y Granada  se entabla un pugilato de fuerzas y encuentros que terminan cuando el británico Henningsen por orden de Walker desocupa, incendia  y destruye a la ciudad granadina, que perece en una gigantesca hoguera. Luego ante tales circunstancias pirómanas Honduras se incorpora a la guerra fratricida y filibustera, con fuerzas opuestas bajo el mando del general Florencio Xatruch, lo que no fue obstáculo para que  Walker con buena táctica que usa embarcara a sus hombres a fin de librarlos del duro asedio emprendido por la coalición militar.
Presidente Abraham Lincoln.
 Se realiza entonces una segunda campaña de exterminio, bajo el mando de Mora, con el objeto de cortar a Walker  la productiva vía de Tránsito (Gran lago de Nicaragua) que se hallaba bajo el dominio de los filibusteros del sedicioso Walker, y así por sorpresa los aliados centroamericanos fueron apoderándose de los vapores embargados a Vanderbilt, con lo que el poder económico que sostenía al destacado pirata americano, fue herido de muerte. Los combates continúan  y un auxilio de 400 hombres llega para reforzar a Walker. Pero al reorganizarse el sistema designando a Mora como General en Jefe de las tropas Aliadas, bajo su férreo comando  el grueso del ejército liberal  sitia a Walker en Rivas, hacia el Oeste, quien después de dos años de enconados combates capitula en mayo de 1857 con todos los honores que guarda la guerra caballeresca, interviniendo en ello el capitán Carlos Davis, comandante del buque de guerra americano Saint Mary. Luego de este episodio singular el optimista Walker fue recibido triunfalmente en los Estados Unidos y sus amigos esclavistas  con prontitud le proporcionan nuevos recursos para volver a la tierra del cacique Nicarao, por lo que repuesto de los tráfagos coyunturales intentará tres veces de retomar aquel poder ansiado que lo enloquece en sus proyectos. Por esta causa punzante cuyo fondo es esclavista negrero, en 1857 Walker regresó a Nicaragua desde Mobile (Alabama), pero el marino comodoro Hiram Paulding lo detiene en sus intentos y le hace devolver a los Estados Unidos.   Vuelto a la libertad planea una nueva invasión a dicho país (1858), y con las mismas recalcitrantes ideas dos años después prepara otra expedición en Mobile, Alabama, con la que finalmente desembarca  en Trujillo de Honduras, mas al oponérsele en el intento el buque de guerra inglés “Icarus” (entonces los británicos tenían mucha importancia en su región marítima y hasta dependencias coloniales) cambia de estrategia internándose en el territorio que ataca, y viéndose perdido resuelve rendirse con los suyos al comandante del buque “Salmon” que está al mando del capitán británico  Norvell Salmon, quien de seguidas y en contra de lo acordado bajo engaño lo pone en manos de autoridades hondureñas y no inglesas, de donde en Consejo de Guerra sumario juzgan al detenido y en consecuencia lo condenan a muerte frente a un paredón de fusilamiento en la plaza local de Trujillo, pasándole por las armas un pelotón de soldados desnutridos y a quien sentado, a sangre fría y estoico e impasible le atraviesan el alma a las ocho a.m. del miércoles 12 de septiembre de 1860, en sus primeros y últimos 36 años de rebeldía. Así concluye todo un rosario de aventuras vividas  por este aventurero inteligente, precoz y con alto cociente mental pero por demás extraño en el proceder, con delirio de grandeza, quien siempre creyó en el destino manifiesto y en aquella buena suerte riesgosa que también  traicionándolo esta vez le costó cara. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

LA REBELIÓN SANGRIENTA DE RUPUNUNI.


Guayana Esequiba.
 Amigos invisibles. Dentro de lo que estamos tratando y como expresión clásica del colonialismo inglés (13 colonias de Londres todavía subsisten disimuladas en el mundo geográfico americano) sostenido ello tras mamparas versátiles en el siglo XXI y entre fuertes disensiones sociales discriminatorias mantenidas por los usurpadores de nuestro territorio Esequibo, y ante la aspiración suprema de  los residentes por ser libres y unidos a la República de Venezuela, que es su patria verdadera y oficial, en la primera semana de 1969 (2 de enero) cansados de la inicua explotación centenaria ganaderos y agricultores amerindios de la zona de Rupununi se alzan contra el imperio mundial dominante que siempre ha protegido los Estados Unidos, creando un Comité Provisional  del Gobierno de Repununi, al mando de la valerosa ganadera y aviadora Valerie Hart, puesto que al sentirse y ser venezolanos de acuerdo con las leyes de  nuestro país, solicitan la inmediata ayuda o protección de Venezuela en la defensa de sus derechos conculcados e invocando por ley constitucional la nacionalidad patria y erigiendo mediante consenso esta futura dependencia venezolana como “Estado Libre Esequibo”.  Al principio la rebelión tuvo éxito, pero el gobierno africanista y comunistoide de Georgetown y frente a sus debilidades características raciales ante la insurgencia que aspira silenciar rápidamente mueve hilos de apoyo con el fraterno gobierno norteamericano, las dependencias coloniales inglesas en América y hasta del interesado Brasil, que ya no esconde sus pretensiones de salida al océano Atlántico por la vía carretera de Lethem, como lo hizo igual con Venezuela a través de Santa Elena de Uairén y Puerto La Cruz, en tiempos del presidente Rafael Caldera.

Venezuela para el momento de los hechos, que es eleccionario con carácter presidencial, cambia su gobierno que fenece y entonces el triunfante doctor Caldera altera sus ideas y sin ningún amparo o sostén hizo el mutis sobre el particular libertario, escurriendo el bulto y lavándose las manos al estilo Pilatos, valga expresar la realidad.  Entonces la represión del  violento y apasionado afroguyanés  Forbes Burnharm (Premier) como respuesta y acaso recibiendo órdenes de lejos intervino a sangre y fuego todo el sentimiento patrio, mientras que in extremis para salvarse los amerindios de Rupununi, que forman el grueso de la población autóctona, salvo escasas familias que se refugiaron en Brasil pasaron al Estado Bolívar, en que una vez acogidos según corresponde  les entregan cual venezolanos nativos que son las respectivas cédulas de identidad (art. 35 de la Constitución Nacional), y se les protege debidamente como es de suponer. Lo improcedente de la fecha insurreccional (2 de enero de 1969) y la pobre defensa que tuvieron (se habla incluso de una avioneta con fusiles, bombas y ametralladoras de apoyo enviadas por Venezuela a ese clamor popular nacionalista, que se averió al volar sobre suelo brasileño, hecho que ese gobierno interesado comunica de inmediato a Georgetown, con las consecuencias previsibles para truncar su dependencia colonial, aunque nunca es tarde cuando la dicha (libertad) llega. Por cierto para remendar el recuerdo doloroso hacia nuestros nacionales, se rumora que el cuartel militar a construir Venezuela en la isla Anacoco será bautizado con el nombre “Islas Malvinas”, con lo que se quiere decir mucho en el recuerdo de aquel sacrificio humano.

Valerie Hart.
 Pues bien con estos antecedentes tan entramados donde por obra de los apetitos imperiales y los apoyos del Tío Sam como ya era costumbre desde  el siglo XIX, tiempo victoriano por cierto, la pasión de los ingleses no solo fue el  adueñarse del alma profunda escocesa, de la irlandesa y galesa, como era principio y fin de los piratas marítimos al mando de Walter Raleigh, soñador de El Dorado, sino que olvidando cualquier inconveniente en sacrificar pueblos del mundo y de los siete mares de todo cuanto podía estar al alcance de la rapiña, con la porfía adelante África y Asia en especial fueron devastados con aquel apetito pantagruélico comparable al huno Atila, pues en cuestión de poco tiempo el inglés agresivo expandió su poder omnímodo arrastrando con ello pueblos y culturas enteras, de donde sin mediar excusas trasladó habitantes fuera de las fronteras naturales y con ello ampliaba practicando de una manera descarada y feudal el latifundismo plutócrata y la esclavitud divisionaria en su más prístina categoría.

Pero vamos por partes con la intención de esclarecer el  tremedal pasionario ocurrido antes y después de lo que sucediera en el imborrable episodio de Rupunini. En efecto, debemos comenzar por reconocer que todo lo hoy llamado territorio de Guyana y por ende el de nuestra Guayana Esequiba, fue descubierto desde el mar como consta en el  diario de navegación  que llevara a cabo con escritura propia el Almirante Cristóbal Colón, y que luego profundizó dicho descubrimiento el marino español sevillano Juan de Esquivel, con cuyo nombre derivado se bautiza por cierto el río Esequibo y sus adyacencias. Esos territorios permanecieron en poder español durante siglos, como lo demuestran documentos de la época y el desarrollo hispano en la conquista de América. Mas como quiera que por las guerras europeas el poder español  se veía más decrecer, diversos países del Viejo Continente para ampliar sus mercados y competir con España en la riqueza resolvieron establecerse al este del río Esequibo, de donde pequeñas comunidades holandesas que merodeaban en aquellos lugares deciden instalarse por Demerara desde 1611, ante el peligro inglés por delante que quería engullirlos, de donde ellas mantuvieron buenas relaciones con los colonos españoles establecidos al Oeste del Esequibo y en sus inmensas sabanas inundables, lo que queda reflejado en los mapas de aquellos tiempos históricos. Ya en 1777 cuando el rey Carlos III crea la Capitanía General de Venezuela y el territorio que la circunda, se define sin dudas o equívocos que toda la región al oeste del río Esequibo desde su nacimiento pertenece a dicha Capitanía General y de allí sigue el lindero hacia dentro para coincidir con el Brasil, como también en largo viaje inverso tal lindero va rumbo al océano  hasta desembocar nuestras aguas en el consabido Atlántico, con desde luego la plataforma continental correspondiente. A todas estas y dentro de las restructuraciones comarcales el territorio de Berbice al este del Esequibo fue colonizado por holandeses y luego allí penetraron los ingleses en la discordia contigua, llenándolo mientras tanto de esclavos africanos, hasta cuando Holanda decide venderle (¿?) esa  franja jurisdiccional a la corona británica siendo el tiempo en que ya lucía  el nombre de Surinam, hecho ocurrido a inicios del siglo XIX con todas las características de una nueva colonia británica, por lo que comienza a trasladar hasta allí a otros esclavos agricultores africanos (Jamaica, Barbados, etc.) de diferentes etnias no emparentadas para la explotación de sus intereses, que lo hace desde un comienzo de manera calculada mudando con el tiempo hacia sus territorios del Este del Esequibo otros inmigrantes coloniales como fueron hindúes, portugueses, malayos y de distintos orígenes para vivir azotados por una rígida forma esclavizante de separación social.  Pero comoquiera que Venezuela para aquel convulsionado siglo XIX anduvo en guerras intestinas desangrándose por su propio desarrollo y en busca de la libertad e independencia, los ingleses con el ojo avizor de los negocios en que han sido maestros coloniales, pronto entran en cuenta que en la Guayana venezolana correspondiente al río Orinoco, al Caroní, Cuyuní y otros grandes cauces fluviales aparecen riquezas infinitas por encontrarse oro a montón como diamantes también en cantidad, de donde con las pupilas puestas en esos caudales de riqueza deciden a su costa y saber olvidar la  inobjetable frontera de Venezuela que es la ribera oeste del caudaloso Esequibo, y bajo el disfraz del disimulo comienzan a penetrar en nuestro suelo territorial de la manera más afrentosa, Para instrumentar ese latrocinio del territorio en mientes traen expresamente de Europa a un expedicionario falto de escrúpulos de origen sajón prestado al servicio inglés que se llamara Roberto Schomburk, quien sin ningún miramiento y con el objetivo final de sus amos imperiales decide reformar a favor del poder londinense los linderos convenidos de antaño e inventa por tanto otros límites ingleses con que ellos sin reserva alguna se  apoderaron de media humanidad y riquezas en los cinco continentes navegados por las afiladas velas inglesas y los cañones destructivos. Así Schomburk, el descarado vendedor de conciencias y sin que ello toque su condición de sabio, que lo dudo, empezó a hacer y deshacer con el territorio de nuestra Guayana Esequiba, dando pie y cabida por largo tiempo con su manera impropia rateril de proceder, de donde en la rapiña todavía en 1941 hubo que arriar una bandera inglesa que la sinverguenzura de aquellas expediciones del luego ennoblecido sajón permitiera enarbolar los muy  amigos de lo ajeno al frente de nuestra población guayanesa de Tumeremo (Mr. Barnes), o sea en las entrañas de El Callao.

Borfes Burnharm.
 Pero las triquiñuelas rodaron en lo que son expertos los ingleses, y a través de ese tinglado secular, despojador y hemisférico llamado Commonwealth que obliga sin chistar a las colonias o seudo colonias inglesas en América, a objeto de mantenerse en el poder guyanés a como diera lugar y dividiendo para así sostener el mando organizaron un sistema social nada igualitario y sí clasista, donde los negros africanos tenían poder (Burnharm), los hindúes (con el comunista Jagan), portugueses  y otros serviles a la colonia, como algunos canadienses, de una y otra forma, equilibrando así el juego tramposo a favor de Inglaterra. Y mientras desde Georgetown los políticos de tales triquiñuelas deshacen conciliábulos verbales porque luego no eran tenidos en cuenta, de otra forma seguía manteniéndose la tremenda división social exclusivista, con los protegidos de entonces bajo la mirada capciosa y orientadora de la Corona Windsor, al tiempo que a solapo los ríos, sabanas y tierras inundables, por propiedades que a la larga no se respetan el tan consentido sistema  de cambiar los linderos a favor y de someter a la población con  excesos y desmejoras, tenían en jaque permanente en cuanto a los intereses del desarrollo de esa zona.

La región de Rupununi está situada al sur de nuestra Guayana Esequiba, en una extensión de 58.000 kilómetros cuadrados, reclamados por Venezuela en un 25% de su totalidad por pertenecer a la misma, con extensas sabanas bajas rumbo al norte y ganaderas al sur hacia los límites con Brasil en el Alto Tukuku donde vive una comunidad organizada de propietarios de origen blanco y amerindios de la región, mestizos y europeos en doce grandes haciendas donde hoy pueden pastar algunas 200.000 cabezas de ganado en tierras del Alto Tokuku, productores que trabajaban en la zona asfixiados por la imposición y exacciones inglesas coloniales o de sus nuevos representantes, donde la tierra explotada pertenecía a la Corona, pues el gobierno guyanés por órdenes superiores y olvidando a Venezuela arrendaba algunos terrenos con discriminación racial a favor de nuevos afrodescendientes versus amerindios, y por máximo de un año, pagándole entonces gabelas y sin poder adquirir dichas propiedades porque estaba prohibido y, en caso de ser desalojados no tenían derecho a indemnización alguna. Como en los tiempos medievales. Por su parte los ganaderos asentados pedían contratos de arriendo hasta por 25 años para sustentar los  ganados, como es de suponer, lo que siempre fue negado por la susodicha Corona Inglesa. Mientras tanto el gobierno cómplice del lejano Georgetown daba poca importancia  a estas desigualdades a favor de los negros importados para sembrar en tierras de vocación ganadera que clamaban justicia en Rupununi, y hasta por ello llegó a sofocar con el ejército y el correr de la sangre a pequeños levantamientos populares mediante la detención de algunos inconformes, siendo estos prisioneros colgados de los árboles para escarmiento y pavor de la población. Mientras ello ocurre los sostenedores de la hipócrita Doctrina de Monroe con el rayado lema de “América para los americanos” desde Washington se hacían ciegos, sordos y mudos ante estos acontecimientos criminales, por el apoyo implícito, solapado y de contraprestación, como el caso de las Malvinas y el proceder histórico del Secretario de Estado gringo general Alexander Haig.

John Bull.
 Ante esta posición imposible de detener en los abusos reiterados cometidos por los nuevos habitantes afrodescendientes apoyados por el castrista Burnharm y ante la postura brasilera que nada quería saber  sobre el tema y más cuando los ganaderos blancos de Rupununi tenían fresco lo ocurrido y negativo con Brasil en cuanto a los territorios vecinos limítrofes  y sureños de Pirara (1904, 32.000 kms2 perdidos), que aspira Brasil abundar con su influencia allí por ser una salida oceánica, entonces esa comunidad gravemente dañada por los sucesos y en conocimiento que la Constitución de Venezuela les otorga la ciudadanía ipso facto del país una vez solicitada, acorde con la Constitución Nacional vigente, luego de conocer este apoyo legal porque Caracas siempre defiende a los amerindios regionales, sin más tardar bajo la dirección de personalidades como la aviadora y experta ganadera Valerie Hart, su marido, los hermanos Melville y todos los criadores de la región se reúnen en una suerte de Constituyente para separarse de esa Guyana racial, comprometida y discriminatoria de Burnharm y de todos cuantos enmascarados tras bambalinas les apoyan, creando así mediante documento expreso el “Estado Libre Esequibo”, lo que se comunica de inmediato a Caracas, y en espera de que sea un estado más de Venezuela.  

Para durar tres días de lucha intensa en medio de una represión inusitada hasta con bombas, saqueos, atrocidades múltiples, incendios específicos, arrase de propiedades, fuego de ametralladoras y  con cerca de cien muertos y ciento cincuenta detenidos, se levantó el heroico pueblo de Rupununi, donde las fuerzas policiales y militares que se aerotransportan enviadas por el racista Burnharm al mando del coronel   Ronald Pope, alías “El carnicero de Rupununi”, bajo su dirección inmisericorde asesina, tortura, viola, derriba hogares, saquea, incendia por venganza y otros aditamentos de la tiranía salvaje de Georgetown que ordena la masacre. Ante tal destrozo humano y material digno de recordar, algunos ganaderos y amerindios temerosos de sus familias se refugian en el vecino Brasil, en que son acogidos a medias, pero la mayoría de los alzados, que aún luchan con dignidad usando armas antiguas, escopetas y hasta machetes, resisten arropados bajo el manto de honor ante el desastre incendiario que no cesa ni las ametralladoras que no se silencian y hasta los lanzallamas ingleses que queman a colonos en algo verdaderamente inusual y trágico dantesco, para luego enterrar los cadáveres en fosas comunes cuyo número fue aumentando con el paso de las horas. La revuelta armada duró tres días (2-1-969 al 2-3-969)  hasta la rendición total, pero en este recuento de la historia acontecida lo que más llama la atención es la actitud de la Presidenta de ese “Estado Libre Esequibo”, señora Valerie Paul Hart, de 35 años de edad, educada y lideresa, con rasgos asiáticos, madre de cinco menores, diputada al Parlamento de Georgetown y esposa de Harry Hart, quien con gallardía y actitud heroica está en Lethem y sus alrededores dirigiendo el conflicto desde el comienzo exitoso de la insurrección hasta cuando por llegar un grueso de la tropa inglesa llena de armas guerreras, a objeto de declarar ante el mundo lo ocurrido en su pequeño avión del tipo Lindbergh vuela de seguidas hasta la cercana Santa Elena de Uairén, en la Gran Sabana, donde es recibida y trasladada con rapidez hacia Caracas, mientras utiliza los numerosos medios de comunicación que la entrevistan para declarar sobre el holocausto de su pueblo en Rupununi y haciendo constar que todos ellos son y se sienten venezolanos, como lo aclara la Constitución Nacional.

Tío Sam.
 Pero los acontecimientos que se desarrollaron por causas del destino y el cambio de año nuevo ocurrido con prontitud torcieron el rumbo en contra de este movimiento libertador de esencia nacionalista venezolano, pues por encima de inspirarse en sentimientos tan loables, para recuperar aquella tierra que a Venezuela le extrajera mediante las triquiñuelas antedichas 139. 500  kms2, por coincidencia del momento el Presidente venezolano Raúl Leoni ya de edad avanzada y tan cercano en nacimiento (El Manteco, Bolívar) a esos paisajes de Rupununi, nada podía hacer oficialmente por estar en la entrega del poder presidencial, porque de otra manera hubiera ocurrido alguna argucia diferente, y ya que el mandatario entrante, Rafael Caldera, de talante jesuita y caprichoso sostuvo de inicio la tesis de no injerencia ni directa ni indirecta sobre el particular, porque Venezuela tenía firmados documentos con Inglaterra que la obligaban a seguir un camino en su reclamo territorial, por lo que debía ser prudente y saber esperar en la agonía nefasta, como hasta ahora sucede. Sin embargo  a los recién llegados venezolanos les fueron expedidas 120 cédulas de identidad y se les reubicó en tierras de la Gran Sabana, San Martín de Turumbán y cerca de El Dorado (Cuyuni), por Las Cristinas, para así continuar con sus vidas en la tierra escogida. Tiempo después la inefable aviadora y nacionalista Valerie Hart cumplida la tarea con su familia se estableció en Texas (USA).


Caracas - 2007 
 El episodio valeroso ocurrido en Rupununi es uno más de la cadena que ha tenido Venezuela para defender sus fronteras, porque si a ver vamos es bueno recordar que el rey Carlos V° de España en el lejano año de 1568  crea la Provincia de Guayana y fija su frontera Este en el susodicho río Esequibo, y no obstante este hecho oficial determinado el territorio guayanés ha sido en todo tiempo objeto de interés superior para imperios como Inglaterra por las riquezas demostrables que encierra, de donde la lucha ha sido permanente en este sentido protector.  Es bueno recordar que el Presidente Marcos Pérez Giménez preparaba para marzo de 1959 la invasión del territorio usurpado por dicho imperio, utilizando instruidas fuerzas de tierra, mar y aire, con el comodín de la próspera compañía Shell adelante, por lo que con seguridad iba a ceder Inglaterra sobre sus aspiraciones y a pesar del pataleo o parloteo consabido. E igualmente rendimos aquí tributo de admiración a Lucas Fernández Peña, el general Domingo Sifontes, que arria la bandera inglesa de la Union Jack en la margen del Cuyuni, deteniendo a los británicos agresores, y al conde Cattaneo Quirin, otro idealista libertario de la zona, como en tiempos más modernos recordemos la labor nacionalista y soterrada sobre la zona de quienes conocían el nefasto arreglo imperial de París, cocinado en Londres (1899), la famosa carta memorándum de Severo Mallet Prevost,  la posición iracunda y dolorida del expresidente Harrison (para todo ello y recordar los hechos ver mi trabajo anterior en este blog, publicado en febrero de 2012), o sea de Carlos Andrés Pérez, Raúl Leoni, Leandro Mora y el doctor Gonzalo Barrios, quienes junto a otros en su tiempo mantuvieron nuestra bandera de las  siete estrellas con el alto pendón de la dignidad nacionalista en defensa de la integración y el patriotismo, de todo lo que compete en el futuro se escribirá una página heroica y triunfal, sin que con ello emule a Rubén Darío.  Y a Oscar J. Márquez, empeñoso en la libertad esequiba, va mi siempre saludo.
 

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL ÚLTIMO CAPITÁN GENERAL.


 
General Francisco Tomás Morales.
 Amigos invisibles. Aunque seguimos pendientes sobre el retorno final de nuestra Guayana Esequiba a Venezuela, ahora vamos a tratar sobre la vida y proyección  histórica del mariscal Francisco Tomás Morales, a quien toca ser el último Capitán General que tuvo España en Venezuela y lo que considero de valía por las características de este hombre de extracción humilde  y quien defendió los valores que le alentaban sus ideas o sea la corona española, durante los veinte años que permaneció en nuestro país.

Bueno es ahora añadir en este proceso  a desarrollar  que Francisco Tomás Morales era de origen insular canario, nacido en Gran Canaria y que por tanto a pesar de las dificultades de esa matriz  insular en territorio geográficamente africano y dependiente de  España en calidad rayana colonial, para su época, el temple y esfuerzo de tal comunidad en el duro trabajo en cierta forma lo hicieron afín al espíritu colonial americano, de donde los llamados guanches se sentían aquí como en su propia casa. Emprendedores y duros para el trabajo existen regiones en Venezuela que ellos levantaron, como el caso de Barlovento, y esos miles de canarios que atravesaran el mar para fundar familias dejaron huella incólume que aún se recuerda en el escenario de la vida pública y privada venezolana.  A raíz pues, de cuando las papas se ponen duras, para hablar en términos coloquiales, y al tiempo que España comienza a tener dificultades en sus provincias ultramarinas, por apetitos interiores y exteriores, tal los casos de Francia, Inglaterra y luego Holanda, los tranquilos canarios existentes en Venezuela tienen un despertar inusitado, ya en época de conflagraciones internacionales, de donde al momento de ser llamados a las armas en defensa de los intereses vitales, sea dicho a comienzos del siglo XIX, deben exteriorizar sus sentimientos provocando así confusión en ideales y expectativas. De aquí que como a partir de 1810 las cartas del destino en Venezuela fueron echadas y “rien ne va plus”, en el acomodo que se trata de dar con otro canario sabio y desorientado, para decir la verdad, o sea del general Francisco de Miranda, la inmensa colonia habitante en “la octava isla”, como entre ellos la llaman, debió tomar postura en el asunto y de aquí las armas comienzan a relucir entre bando y bando contumaz. Es en este momento cuando alumbra un ilustre desconocido que naciera en Gran Canaria, salido de la nada, de gente sin recursos pero con un ojo avizor para las oportunidades. Y el muchacho palmero o joven nacido en 1781 del que hablamos entonces se llama Francisco Tomás Morales Alonzo, quien por cierto en su infancia debe sufrir de tantas necesidades como para trabajar sin pausa en unas salinas particulares de Romeral, donde recibe alguna formación para la guerra común, oficio que ejerciera cerca del natal Carrizal, con los sufrimientos que le ocasionaba ese trabajo ardoroso.  Por causas desconocidas y quizás debido a la emigración necesaria en 1801 llegó al Oriente de Venezuela, a Píritu, tierra de misioneros franciscanos, donde para sobrevivir establece una pulpería (comercio menor) y supongo con esfuerzo y dirección aprende a leer como a escribir. Con esa experiencia fundamental abre alas hacia el porvenir y pronto ingresa en la milicia de artillería, por lo que en 1806 en esas funciones defiende el Morro de Barcelona contra el intruso inglés que merodea, y luego en dicha ciudad casa en 1809 con la oriental Josefa Bermúdez, mientras en la recién advenida República mantuana  es Asistente del valioso soldado Gaspar de Cagigal, en Barcelona.

General José Antonio Páez.
 Pero como su aspiración era continuar en el servicio de las armas Morales  se establece en Caracas y ya en 1812 es Teniente, siendo herido en acción. En este momento de su biografía y porque los datos que aportaré son muchos de importancia, sin tomar en cuenta los desenlaces de su actuación guerrera, que dejo para que relaten otros entendedores en la materia, voy a tratar de resumir su brillante hoja militar al servicio de las armas hispanas, con los pros y contras en que se vio envuelto pero  manteniendo él la convicción de defender una causa justa y visceral en los adentros, porque a su leal entender él sostenía el estado de derecho establecido, y los otros, insurgentes intrusos eran los revoltosos o guerrilleros del momento. Así tenemos que:  1. (1812).  En calidad de Teniente y una vez recuperado de sus heridas Morales es ascendido a Capitán, mientras otro canario, Domingo de Monteverde, comanda fuerzas leales a favor de la monarquía, a quien acompaña Morales (811-13). 2. (1813) Morales ya envuelto en el torbellino de la guerra, que es a muerte, en el último semestre de este año pacta con el caudillo asturiano José Tomás Boves en el Oriente del país, y pronto es elegido Segundo Jefe  al mando en el manejo de esa numerosa fuerza monárquica. De seguidas estos jefes españoles provenientes de Calabozo traban lucha en la sabana de Mosquitero (14-10-813, Guárico) contra Campo Elías y Cedeño, siendo los realistas derrotados en el empeño 3). En la Primera Batalla de La Puerta (Guárico, 2-814), en que interviene igualmente el caudillo Boves, en dicho sitio Morales es promovido a Coronel, con 8 ascensos anteriores. 4). En la sangrienta batalla de La Victoria (Aragua, 2-814), de Boves y Morales contra José Félix Ribas, con 1500 soldados a su mando que les dan el triunfo, perecen numerosos estudiantes universitarios y 85 seminaristas de Caracas muertos ese día, fecha luctuosa nacional que se recuerda como Día de la Juventud.  5). (28-2-814). Con el triunfo avisado en las manos monárquicas Boves y Morales marchan rumbo a Caracas, y en el combate de San Mateo (Aragua), se produce la voladura  del parque republicano y el sacrificio del neogranadino Antonio Ricaurte. 6). (31-3-814). El huracán Boves acompañado de Morales en Bocachica (Sur de Aragua) se enfrentan al  ejército que comanda el oriental Santiago  Mariño, de cuyas resultas los monárquicos pierden el combate. 7).  (15-5-14). Boves junto a Morales derrotan a Bolívar en la Segunda Batalla de La Puerta. 8). (7-814). Siguiéndole los pasos Morales derrota a los patriotas que en desbandada emigran a Oriente. 9). El 17 de agosto-814 el canario aludido alcanza a Bolívar y Bermúdez en Aragua de Barcelona, donde en feroz combate son masacrados buena parte de los soldados republicanos. 9A). (12-9-814). En este año terrible tres mil efectivos al mando del general Morales  se enfrentan en las afueras de Maturín a las fuerzas comandadas por el oriental José Francisco Bermúdez, retirándose del encuentro los españoles luego de la feroz embestida realizada en su contra por el señalado militar.

Batalla Las Queseras de Medio.
 10. (5-12-814). A la muerte de José Tomás  Boves en Urica (Monagas) el canario general Morales asume el mando de las tropas realistas, en calidad de Jefe. 11. (4-815).  En Puerto Santo (Carúpano)  Morales recibe la expedición militar española  de 15.000 soldados, en 60 bajeles, que llega al mando del Pacificador general Pablo Morillo. De inmediato junto a este militar laureado toma la isla de Margarita, y de allí en compañía de Morillo sigue por mar para establecer el luego heroico sitio de Cartagena de Indias, plaza fuerte patriota que se rinde tres meses después (12-815), a las fuerzas monárquicas, luego de un prolongado asedio donde mueren miles de personas, o sea la tercera parte de su población.  De seguidas  Morillo acompañado de su alta oficialidad emprende el camino para recuperar a Santa Fe, por la vía sinuosa del río Magdalena y en el camino por Mompós, a sabiendas que Bolívar prepara la expedición a Venezuela de Los Cayos haitianos,  ordena al general Morales que con la división a su mando siga a Valencia para hacerle frente. 12. (7-816). Luego del desembarco de Bolívar por Ocumare de la Costa  Morales, que suma ya el título de Brigadier del Ejército, combate en el sitio contra Bolívar y prosigue la ruta militar a objeto de destruir a los republicanos de Carlos Soublette en las alturas de Los Aguacates (Valencia) (7-816), para luego junto con el canario Francisco Rosete perseguir al republicano general Gregorio Mc. Gregor y seguirlo en tal persecución rumbo al Oriente del país en la “Retirada de los Seiscientos”. 13. El 27- 9-816 los generales patriotas Manuel Piar y Mc Gregor vencen en la sabana de El Juncal, cerca de Barcelona, al general Morales, que se retira rumbo al interior del llano central para reorganizar sus tropas. 14. (1817) En ayuda del Brigadier Pascual Real actúa en el ejército realista para operar contra Barcelona.  15). (1818) De manera activa  Morales participa  en las operaciones militares  para detener la ofensiva que desde Guayana  y Apure lanza Bolívar contra los llanos de Calabozo y valles de Aragua. 16). (14-3-818) Morales con la división de vanguardia ataca y derrota  en Maracay al llanero general José Tadeo Monagas. 17).  (16-3-818)  Morales junto a su superior Pablo Morillo y el general La Torre combaten en la batalla de Semén (cerca de Villa de Cura) al general Bolívar, quien se dirigía al centro del país con 2.900 hombres, y lo derrotan, destruyendo los planes bolivarianos de regresar hacia Caracas. 18). (20-5-818) El español Morales derrota al general Manuel Cedeño en el combate de Laguna de los Patos. 19). (28-5-18) Es sorprendido Morales por fuerzas del general Páez en Guayabal (Guárico), de donde Morales con la división a su orden se retira al alto llano para operar contra el general Pedro Zaraza. 20). Terminada la Campaña del Centro Morales se establece en Calabozo al mando de la  División de Vanguardia. 21). (1819). Junto al general Pablo Morillo participa en la Campaña de Apure (extensiva a Guayana), y así combate en El Jobo, Caujaral, Cañafístola, Queseras del Medio, etc., contra tropas insurgentes. (22). (14-12-820).Por decisión superior y por partir Morillo rumbo a España  Morales es designado Segundo Jefe del Ejército de Tierra Firme, mientras recibe la orden el vigilar el extenso territorio del río Apure, lo que ocurre dirigiendo los batallones Burgos e Infante, acompañados  esta vez de diez regimientos de caballería. (23). (5-821). Dentro de su labor militar Morales entra y toma a Caracas pero luego se retira de ella ante el empuje que hace el general Bermúdez para ocuparla.   (24).  (1821). En los preparativos pendientes  a la batalla de Carabobo y ante la maniobra de diversión republicana que se lleva a efecto, el general Morales al frente de su ejército parte de Calabozo y mediante una rápida contraofensiva, recupera el territorio ocupado por el general José Francisco Bermúdez. Una vez restablecido el orden necesario el canario Morales marcha al campo de Carabobo  para combatir  en la batalla allí librada el 24-6-1821, en que son derrotadas las fuerzas monárquicas opuestas a Bolívar por el mariscal de campo  Miguel de La Torre, de donde Morales con los restos del ejército español  se retira en forma destacada a la plaza fuerte de Puerto Cabello.

Batalla de Carabobo.
 (25).  11-1821.  Morales por sus méritos que se reconocen es ascendido a Mariscal de Campo del ejército español. (26).  7-6-822.  En una incursión militar fuera de Puerto Cabello y en apoyo a la insurrección de Coro el mariscal Morales derrota en Dabajuro (Falcón) a las fuerzas del general republicano Carlos Soublette.  (26). 4-7-822. El mariscal Morales se encarga del mando de las fuerzas realistas en Venezuela, en sustitución y por haber sido destinado a Puerto Rico el Mariscal de Campo Miguel de La Torre. De seguidas Morales es designado Capitán General de la Provincia de Venezuela y General en Jefe del Ejército de Tierra Firme, que comprende igualmente a Colombia y Panamá. Tan pronto asume el mando Morales abrió operaciones militares contra los republicanos, a fin de recuperar el territorio perdido por las fuerzas del Rey, con el deseo de imponer nuevamente el sistema español. (27). (8-822). En busca de este empeño Morales hace una salida de Puerto Cabello rumbo a Valencia, enfrentándose al general José Antonio Páez, siendo derrotado en el encuentro, el 11 de agosto en la Sabana de La Guardia (Naguanagua). (28). (822). De regreso a Puerto Cabello Morales inicia nuevas operaciones militares contra los republicanos en la conocida Campaña de Occidente, con varias acciones de guerra realizadas (Coro, Maracaibo, Trujillo y Mérida), llevadas a cabo en Sinamaica (2-9-22), Zuleta (4-9-22), toma del castillo de San Carlos (9-9-22), y para el día 13 del mismo mes septembrino el canario Morales ya se había apoderado de todo el Estado Zulia. Igualmente entre diciembre de 1822 y enero de 1823 el historiador Tomás Pérez Tenreiro reitera que el susodicho Morales llevó a cabo operaciones contra tropas acantonadas en Trujillo y Mérida, aunque “sin resultados positivos para su causa”.

(29). 3-8-1823.  Por consecuencia de la derrota sufrida el 24 de julio de este año, y debido en parte a desobediencias erráticas de mando ocurridas en la conducta del marino gaditano y Jefe de Escuadra Ángel Laborde y Navarro al mariscal Morales, de donde este canario curtido de combates  se ve forzado a capitular ante el general republicano Manuel Manrique, luego de la batalla naval allí ocurrida, es decir en el lago de Maracaibo. Con el protocolo de salida del lago  acordado el canario Morales marchó a Cuba y luego a España.  Después, en 1827 fue nombrado Comandante General de las Islas Canarias y Presidente de la Real Audiencia respectiva, y en 1834 regresó a la Península permaneciendo afectado a la vida de cuartel hasta 1837, cuando vuelve y para siempre a su terruño, dedicándose a la vida privada.

Jefe de Escuadra Ángel Laborde Navarro.
 Como se observa en este paneo biográfico que realizo la figura controversial de Morales tiene dos vertientes que apreciadas en el correr de su vida emergen de la nada, de una pobreza insular y que por su valentía y capacidad capeó situaciones difíciles hasta llegar a los cargos y distinciones que alcanzara. Para señalar algunos rasgos valiosos dignos de recordar en referencia a Morales recordaremos sobre este canario cumplidor de su deber que se enfrentó a Simón Bolívar en ocho combates y batallas perdiendo apenas frente al caraqueño la sin igual de Carabobo. Que entre tantos pros y contras ocurridos hace una carrera fulgurante  en 20 años de acción, con más de 50 encuentros militares. Que por esos y otros méritos acumulados asciende al más alto escalafón del ejército que se reserva  a personajes de la nobleza o la alta sociedad, y siendo el último Capitán General español de la América continental. Que Morales fue Jefe Superior de Venezuela en momentos tan críticos como los años de 1822 y 1823.    Y por tantas virtudes retenidas, como he expuesto, porque honrar, honra y nunca desconozco los valores de alguien que merezca tal distinción,  he creído justo recordar sus hazañas, siendo acreedor Morales en su patria a las órdenes militares de San Fernando, la de Isabel La Católica, San Hermenegildo, la de Fidelidad Militar, y varias por acciones de guerra.  

Debo sin embargo agregar que la guerra emprendida en 1810 por la liberación de nuestra patria fue en extremo cruel por ambos bandos, en que se cometieron los mayores desafueros puesto que la consigna total no era otra sino la muerte y por ello el salvajismo guerrero en que se viviera desde 1812 hasta 1816, cuando se admiten algunos derechos antes desconocidos. Por tanto partiremos de esta premisa  definitoria para incidir sobre el tema sanguinario, que fue de parte y parte contundente. Pero, porque no puedo sostener lo indefendible en este caso debo también observar que el mariscal Morales por consecuencia de esa guerra fratricida de una forma calculada pero fatal tuvo extralimitaciones autoritarias que para completar el trabajo  debo traer a colación, valga decir las torturas, desmanes en Villa de Cura, degüellos, decapitaciones, nepotismos, frituras en aceite y otros aderezos inescrupulosos que se contemplan en películas de horror, de donde salvando el capítulo de los tormentos que le tocó vivir a Morales con aquello de “to be or not to be”, cumplió militarmente con el deber ordenado, pues lucha en una guerra sin cuartel y recorre a Venezuela y Colombia en defensa de ideales, que para aquel su tiempo eran desde luego monárquicos. Por lo demás salvado este incidente que debía mencionar de soslayo, el mariscal Morales dejó escrita su página histórica para España y Venezuela en cuanto le pudo competer y con la tenacidad demostrada de un canario valiente.

jueves, 23 de octubre de 2014

BIOGRAFIA ACTIVA DEL VIZCAINO TORRE-PANDO.



General Miguel De la Torre y Pando.
          Amigos invisibles. Dentro de los muchos “lapsus” que sostienen   investigadores de talla en cuanto al tratamiento de los personajes  que de allende o aquende el Mar Océano con su presencia y actividades han ido enriqueciendo la verdadera historia de este continente colombino, el principal que se puede advertir es referido a la ausencia del elemento español, demostrada por un casi total olvido, ya que en la realidad sus actuaciones por circunstancias ajenas a este trabajo se han visto minimizadas sin corresponderles la verdadera estatura a sus hazañas o defectos. Y conste que del lado peninsular hacia estas tierras indígenas otro tanto de esas ligerezas humanas han ocurrido, siendo hora, si se quiere, de remendar el capote fuertemente deshilachado porque tales disparates no caben en el alma de la sensatez.

Quiero con ello referirme a personajes como el que ahora voy a retratar, a sea Miguel de la Torre y Pando, quien durante siete años de enfrentamientos comandó las fuerzas monárquicas españolas defensoras de los derechos de Fernando VII en estas tierras  que formaron parte del virreinato de Nueva Granada o de Santa Fe y antes de Santo Domingo, en épocas de tensión militar estimable y cuyo valor indiscutido no se puede ocultar por el simple hecho de dirigir fuerzas opuestas a los intereses nacionales de entonces pero que dejaran su marca en el vaivén guerrero, con triunfos y fracasos entre ambas partes, como suele ocurrir y porque las generaciones presentes de nuestra patria deben reconocer  con justicia esa magna lucha establecida con principios definidos en campos de batalla, donde los dirigentes representando la bandera que fuere dejaron sentada la impronta de sus hechos escritos en la Historia y que sin reproches y otras excusas se restrinja su valor y valer donde  por partida propia tienen asignados los respectivos puestos de participación y riesgo, como  en el caso debe ser.

Sitio de Cartagena de Indias.
Don Miguel de la Torre y Pando, así lo llamo por el título que le discerniera la Casa Real española, nace en el vizcaíno Bernales (1786),  tierras de labranzas y pensar marino situadas en los entresijos del país vasco, cerca de Cantabria, con hombres y mujeres que otean el horizonte, como lo hiciera la familia Bolívar en su tiempo migrador. En ese medio del diario discurrir y apagándose ya el siglo XVIII aparece nuestro personaje histórico mientras despierta a la vida pensante sobre los sobresaltos próximos de una revolución francesa y la interior hispana que no deja tranquilo aquel país aún imperial. Y como este Miguel desde joven para ganar el mundo le llama la atención guerrera como interés normal, pronto ingresa en las filas castrenses españolas y ya en el despertar del siglo XIX, en 1800, busca plaza de soldado profesional donde comienza a forjarse la carrera de las armas, y por ello en 1804 se le destina a servir en la Guardia de Corps española, cuerpo de origen francés por distinción en que sus miembros  estaban a la sombra y custodia del Rey (futura Guardia Real), haciendo allí vida militar en calidad de oficial, siempre al servicio del monarca de turno.

Con ocasión de la Guerra de Independencia española (1808-1814) el vizcaíno De la Torre ya de Teniente y con 22 años encima es transferido a cuerpos de ejército que se enfrentarán con vigor a las pretensiones napoleónicas en cuanto a detentar el poder real de la Casa española, lo que significa cruentos enfrentamientos militares en donde el vizcaíno es herido y preso en Badajoz (Extremadura, 1809), mientras va demostrando sus cualidades y pericia en el llamado Campo de Marte. Luego de liberarse por combatir en Medellín, de nuevo es herido en Ocaña, y así en estos años de combate contra el intruso extranjero en varias ocasiones lucha y remata finalmente esta actividad guerrera en suelo francés frente a Toulouse o Tolosa, en 1814, derrotando a los intrusos napoleónicos en sus aspiraciones maléficas del trono español, mientras asciende en su carrera con una hoja militar sobresaliente que en parte desconocemos y pudiendo estar extraviada por los avatares de tal contienda sangrienta, de lo que apenas sabemos que para el fin de esta  dura y conflictiva gran batalla generalizada nuestro biografiado para 1814 como oficial superior ya ostenta el  grado de Coronel.

Es lógico suponer  que el fin de la cruenta guerra contra el enemigo napoleónico trae como consecuencia un cambio en la estructura militar que ya se rehace, y dentro de esos meses de la nueva organización permanecen a la espera de otras órdenes muchos de esos oficiales que lucharon por el bien de su patria y la Corona. Pues bien, ya para el año y mes inicial de 1815 en su condición militar ante los aconteceres que por la guerra habida dan motivo a los alzamientos independentistas acaecidos en América, donde destacan los horrendos de Tierra Firme (la guerra a muerte), el gobierno español dispone el envío de un ejército expedicionario, sea dicho una flota militar fuertemente armada y de 15.000 hombres para dar frente a los hechos en pleno desarrollo y en búsqueda de una pronta solución al conflicto que busca extenderse  a otras regiones imperiales. En este menester del cumplimiento de órdenes el coronel De La Torre por decisión superior es destinado para que forme parte de esa magna expedición pacificadora,  y así es como Segundo al mando y  Jefe del Regimiento Vitoria, compuesto éste de 55 oficiales y 1.148 hombres de tropa, forma parte de tan importante expedición pacificadora que bajo la dirección del laureado general Pablo Morillo zarpa de Cádiz en febrero de 1815 rumbo al oriente de Venezuela y el 13 de abril llega a Puerto Santo (Carúpano) o sea en los inicios de 1815. Pronto, por los destinos militares requeridos acompaña al general Morillo a realizar el sitio y toma de Cartagena de Indias, de prolongada duración y en el que fenecen multitud de patriotas americanos. De seguidas al interior de Nueva Granada va como Jefe de Vanguardia, ocupando así a Bogotá  el 6 de diciembre de 1815. Ascendido en la escala militar, pasados unos meses en este afán pacificador Morillo destina al vizcaíno para que efectúe la difícil campaña de los llanos  en Colombia y Venezuela, prestando así auxilio a la Provincia de Guayana, por lo que al mando de sus tropas, la División de Vanguardia (1.000 soldados y 800 jinetes),  atraviesa estos terrenos colmados de peligros para luego de recorrer el Casanare y el Apure enfrentarse al terrible lancero venezolano que es el general José Antonio Páez y sus seguidores (4.000 entre infantería y caballería), lo que ocurrirá en la conocida batalla de Mucuritas (1-1817), en la que triunfa La Torre con la hueste monárquica.  Y así continúa el general vizcaíno rumbo a Guayana, en auxilio del sevillano Sebastián de la Calzada y  defensa de esta provincia estratégica..

General José Antonio Páez.
Como  Brigadier de Ejército (1816), La Torre luego protege la plaza de Angostura contra las fuerzas de Manuel Piar y Simón Bolívar, mientras es batido en San Félix (4-817) por el valiente general Piar, combate a Luis Brión y sale al mar rumbo a la isla de Granada. Luego derrota al guariqueño Pedro Zaraza en el combate de La Hogaza (12-817, cerca de Valle La Pascua), donde el valiente vasco es herido de gravedad. Pronto sucede el famoso combate  de Semen (La Puerta, Guárico, 3-818), en que asume el mando interino del ejército español  por la fuerte herida que en combate sufre el General Morillo. Retirado a Villa de Cura La Torre interviene mediante orden superior en el atentado a la vida que sufre el general Bolívar en el sitio de El Rincón de los Toros (4-818). Es por este tiempo cuando en su vida privada el general La Torre enamorado casa en Caracas  el 24 de julio de 1818 con la distinguida dama María de la Concepción de Vegas y Toro, quien era prima de la ya difunta esposa de Simón Bolívar, llamada María Teresa del Toro y Alaiza. Prosigue en la lucha guerrera, hace la campaña de Apure (1819), y en noviembre de este año derrota a Carlos Soublette en el sitio Las Cruces, cerca de Capacho, con resultado indeciso. Ascendido La Torre a Jefe de Estado Mayor, y para las negociaciones que se llevan a cabo en Trujillo con el fin de firmar  los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra  (11-820) junto a 50 oficiales monárquicos y un escuadrón de húsares que ordena retirar Morillo, La Torre acompaña al Marqués de La Puerta y Conde de Cartagena para la entrevista que ambos altos jefes militares (Morillo y Bolívar, éste con apenas diez oficiales de acompañamiento y sin escolta), sostienen en Santa Ana (Trujillo), antes de regresar al general Morillo a suelo español.

Batalla de Carabobo.
Y porque el monarca Fernando VII finalmente acepta el retiro de América a favor del general Morillo, que regresa a España en diciembre de 1820, éste deja el cargo de Jefe Político Superior y Capitán General de Venezuela en la persona del general Miguel de la Torre y Pando (3-12-820). Pero ya la situación estaba por demás cambiada en América hispana, siendo esta vez irreversible en el campo militar y político, de donde el cambio estratégico gira a favor de los republicanos en buena parte de Venezuela, mientras los realistas se parapetan y repliegan en lugares que aún les son fieles. La estrategia de Bolívar es ahora contender contra el ejército monárquico a campo abierto, por lo que a través de maniobras militares como la dispersión atrae al grueso de esos hombres del Rey para presentar una batalla campal que se efectuará en la sabana de Carabobo con muchos soldados extranjeros a favor de Bolívar y tropas veteranas como de batallones avituallados a favor de la tendencia monárquica aún defensora de los derechos de Fernando VII. El 24 de julio de 1821 se enfrentaron ambos contendores y la lucha terminó siendo a favor de la causa independentista, donde brillaron distinguidos oficiales muchos de ellos muertos en acción. Por la parte española el mariscal de campo La Torre con la tropa diezmada  y ante la superioridad del enemigo ordena retirarse en formación de batallones hacia el cuartel general tenido por La Torre en Puerto Cabello, cuyo despeje marcial y bien llevado cubrió entonces de gloria al ejército hispano en la derrota. Puerto Cabello resiste el sitio mantenido por los patriotas hasta 1823 y en espera de refuerzos, como base de operaciones para la pretendida reconquista  española en el occidente de Venezuela. Entretanto persiste el bloqueo naval  a Maracaibo ejercido por el colombiano almirante Padilla, de donde sin mayor esperanza para continuar en lo imposible  el canario  Francisco Tomás Morales se ve forzado a capitular en Maracaibo el 3 de agosto de 1823, y el 15 sale del país con 7 barcos que lo acompañan rumbo a Cuba. Para finalizar la Historia el 8 de noviembre de 1823 Sebastián de la Calzada sale de Venezuela con los últimos soldados españoles restantes en suelo venezolano, rumbo a España. Así terminó definitivamente esta guerra frontal en Venezuela, con una duración de trece años.

Reina Isabel II.
Como parte biográfica del general La Torre diremos que luego de Carabobo este militar vizcaíno se atrinchera en la fortaleza de Puerto Cabello y en espera de órdenes peninsulares sale para la realista Coro (12-12-21), derrotando en La Vela al coronel Juan Gómez. De regreso a Puerto Cabello a mediados de 1822 ordena al general Francisco Tomás Morales expedicionar sobre el lago de Maracaibo, en espera de refuerzos, cuando el canario Morales es nombrado por el Rey Capitán General de Venezuela, asumiendo así tal mando el 4 de agosto de 1822, mientras a su vez el general La  Torre también es nombrado Gobernador y Capitán General de Puerto Rico, cargo que asume el 8 de septiembre de 1822. Durante su gobierno insular y por méritos en 1824 es ascendido a Teniente General, mientas cumple una labor progresista, creado la Audiencia Territorial de Puerto Rico y ayuda a la cultura nativa, e igualmente socorre a los leales monarquistas de Tierra Firme (Venezuela), como Arizábalo y Cisneros, a través del recordado Intendente José Domingo Díaz, caraqueño establecido en Puerto Rico. La Torre estuvo quince años al mando insular de Puerto Rico, mientras se apacigua la región, gobierno que se prorroga por siete años más mediante el pedimento popular. Nombrado Prócer del Reino (1834), en 1837 el laureado La Torre regresa con su familia a Madrid (esposa caraqueña y siete hijos puertorriqueños). En 1841 la reina Isabel II lo nombra Capitán General de Castilla La Nueva, centro político español, donde tendrá una actuación especial en defensa de dicha Reina. El mariscal La Torre falleció en Madrid el 27 de mayo de 1843. Pero antes de este triste suceso fue condecorado con altas cruces oficiales (4 de fama) como la Laureada de San Fernando, la americana de Isabel La Católica, la honorífica de Carlos III, la Real y Militar de San Hermenegildo, además de ser ennoblecido por la Corona con el título condal de Torrepando, en 1836.   

domingo, 7 de septiembre de 2014

EL CIEGO, EL BORRACHO Y EL LADRÓN.

                             A la memoria de Gibran Jalil Gibran.
             
Ramón Urdaneta - París 1951
             Amigos invisibles. En este tiempo azaroso de vacaciones largas  y por pedido de algunos siempre lectores de este blog e interesados en conocer algo de mi narrativa no histórica, ahora los voy a complacer con un relato que escribiera en Bagdag dos años antes del derrocamiento de Sadam Hussein y cuando asistiera al Merbid (Congreso de Escritores del mundo islámico, 2-992), por invitación especial de su presidente  Muhsim  Al Mussawi, actual catedrático en  lenguas orientales de la Universidad de Columbia. Así los dejo complacidos y espero que  se entretengan por aquel mundo extraño al que visitara en varias ocasiones.
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Cierta vez hubo en Basora  un ciego, un borracho y un ladrón que caminaban por la ciudad sin rumbo cierto. En la distancia veían volar  las mariposas cual pájaros pintados, nunca se quejaron del tiempo y menos de las crecidas  de las aguas, y sostenían un raro  gusto por los dátiles pasos, con tal frenesí que el ciego como en mil y una noches anteriores ordenó al lazarillo bizco que tuvo a su servicio, le mantuviera una provisión de los mejores arrancados  por su destreza, de aquellos árboles centenarios.
            El borracho de su parte solo aspiraba fermentar los frutos datileros  en viejas vasijas estañadas de cobre, para así obtener una bebida  vital como el arak, que elevándole al seso, la gesticulación y la risa alborotada le mantendría sin traumas  en el nirvana utópico, el tantra dialogante y el frenesí de la existencia, antes de introducirse  en otro trance de aquel sueño mórbido o burlón, propio de los beodos parlanchines.
            Y por último, el más temible de todos, ciego de esperanzas concretas, sin destellos de luz por los escrúpulos y borracho al cabo  de sus aspiraciones truncas, sólo aspiraba recoger  hasta el último dátil caído de las palmeras secas, y con una mente frecuentada  en el martillar de las tablas  de ábacos, logaritmos y la ambición desmedida, no hacía sino soñar  entre placeres  discordantes o con embarcaciones de su propiedad que bajaran pausadamente las aguas del estuario cuajado de peces saltarines de colores, como lo viera el intrépido Simbad, para llevar a destinos lejanos las cargas de frutos en sazón y de mieles apiarias escondidas.
            Pero sucedió que estos tres camaradas de encendidos turbantes majestuosos, alfanjes vírgenes sin filo, y de capas raídas por la superstición, cultivaron una amistad tan estrecha, que si no es por la infancia miserable  en que vivieron se pudiera decir habían nacido cerca de las barbas del Profeta. Uno, el ciego, era natural de Anatolia, por Capadocia, citadino de pueblo pequeño y cuevas de vivienda que le formaron el carácter, cargada aquella humanidad de infiernos pestíferos y contradicciones  efervescentes, aunque de joven macilento y debido al hambre perpetua que pasara entre los escarpados desiertos y matorrales peligrosos, con tierra arrasada de por medio y la tradición anecdótica  de los Reyes Magos decidió buscar el manantial auténtico y venirse tras una caravana inconclusa rumbo al naciente desolado, harto de arena polvorienta, tras los flacos camellos solitarios y los dromedarios ahítos de leyendas, a los que por cierto el ladrón usurero y tiernamente avaro pensaba colocarles  una nueva joroba a cambio de áureas bolsas e influencia pecuniaria como para atormentar la soledad. El ciego mas la sombra cambiante  de su porte pudo llegar así  al esculcado puerto de Basora, la tierra disputada de Simbad, atravesando mil dificultades repentinas, que fue cuando desde aún pequeño de estatura comenzó a ser  corto de la vista, aunque no de ideas colmadas de enriquecimiento prematuro, lucro compartido, avaricia de lejos y disimulo asaz.  Por aquí y por allá vivía en un trajín comercial finamente tejido, defendiéndose sin sospechas en el tamaño raquítico, el lazarillo hambriento y cierta jerga de adulación innata, al extremo que le diera excelentes  resultados en los años posteriores de tal manera que parecía haber pactado  con el gigante de Aladino. Y por si fuera poco, mantenía oculta una lámpara plagiada del sin par Aladino y a fuego eterno la sostuvo cuya luz ofreciese a los dioses paganos de la tribu advenida y hasta a los de otras naciones adversarias, como el caso bochornoso del decadente Zoroastro, mellizo de Zaratustra, lo que sólo él sabía, tal era el sentido de sus halagos, elogios y engañifas a montón.
            En ese mismo trajín del bazar o la tienda portuaria el cegato aprendió cierta frecuencia  de frases impactantes, hechos amatorios y fechas memoriosas, y anduvo siempre con el sagrado Corán bajo el brazo sudoroso, para que le fuese visible a todo trance. Por esta razón simple  como un intrigante relamido o interesado más, con caricias, señuelos que alborotan y hartas zalamerías penetró en difíciles cenáculos de los letrados o eruditos, y a través del esfuerzo y máscaras faciales diseñadas pudo enseñar textos insípidos, contradictorios o prestados con el transcurso de los años dentro de esa personalidad tan sinuosa, artificial, estéril y doble que le labrara un porvenir cualquiera, al extremo que durante muchos cursos lunares su nombre por toda Arabia Feliz, Samarkanda, Kurdistan, sin contar Mesopotamia y el otro mundo conocido, fue sinónimo de acomodo, de desventura y por esa escala de valores marchitos en que no creía, a fuerza de equilibrios supremos se mantuvo como viajando por el aire sobre una alfombra de nudo fino, en concepto de santidad y cultura, adulando a la corte faraónica de turno, al califato de Bagdag o a cualquiera fuere  su protector, y haciéndose hasta de cierta fama pírrica, sin importarle un clavo, bledo y menos un comino los medios utilizados entre aquella gente sencilla y bondadosa.
            Pensó vivir en medio del jardín edénico,  propio de Alá el misericordioso, aunque ya siendo ciego y pasada la buena estrella conductora, donde fue comodín de la picaresca excepcional, descubierto el juego de su vida y escondidos los denarios atesorados, allá, en tierra de cristianos  nazarenos o caldeos, como manso cordero este lobo estepario vivía del cuento y la canción chiflada ya que apoyado en los múltiples brazos de una deidad bramánica del Indostán, luego de traficar con todos los cargos mejores y sustanciosos de aquel tiempo mágico, un buen día para lavar el nombre apolillado decide refugiarse entre los versos antiguos  de carcamales vedas y los modernos de la época crucial, tan mal construidos de su parte que ni con restos de la influencia que aún le quedaba en depósito pudo sostener la cumplida cosecha espiritual, por lo que en los remates cansones de la casa “Sotherby” londinense, bajo influencias o presentes de emires petroleros se ha podido vender alguna carta laudatoria salida de esa pluma menguada, pero menos un poema de esos suyos elaborados sin la inspiración divina del aeda.
            Así anduvo ciego y cojo este bardo ripioso de esos que medran cuando hay oro, cual paria disonante, mal parado, enfermizo, soberbio eso sí, cuyo nombre seguirá siendo cabal de cinismo de altura, y a pesar del tamaño canijo entre los cuenta cuentos islámicos permanece como el clásico tipo de adulante de bandería, con una mentalidad que choca mitad eunuca y además confusa, de donde su imagen a partir de entonces  se incorpora sin prisa entre los cuarenta acompañantes del viejo Alí Babá.
            El otro socio de farras e intrigas maliciosas (aquel austero, éste, encontrado  con los cantos etílicos a como diere lugar) se destacó por lo borracho empedernido, payaso gestual entre quienes de risa le rodearan, bufón del séquito de turno, porque prestó buenos servicios a esta clase jocosa allá en las carpas beduinas yemenitas, siendo prófugo naciente de mezclas bastardas entre arábigo y persa con algo de tartario, lo que le malquista por el acento descompuesto  en ciertos grupos escogidos, pero la verdad es que había  nacido más adelante, con cara aceitunada y en el golfo de Ormuz, cuando un forastero desorientado busca esponjas, elíxires potentes y perfumes orientales de exquisita fragancia, y al tiempo diera  por colocar  cascos metálicos a los burros correlones del desierto, de donde  vino la inaudita  afición del vástago por las potrancas mal paridas y los caballos relinchones.  
            Sin casta alguna por tanto quehacer en el mundo indigesto de Baco surgió de una combinación híbrida, al que tapaba la vestimenta aérea del desierto mugrosa y estrafalaria cubierta de perlas orientales, entre babuchas, caftán, y fez de fiestas alfombradas, y ello en la desorientación de los clanes le hizo mantener de un comienzo alejado de las buenas tribus, visitándose de continuo con el ciego tortuoso, al que le unía una estrecha amistad de colaboración o compadrazgo, para obtener hipotéticos  dividendos honestos y hasta alterar designios sólo entre ellos y repartirse las prebendas públicas  con toda suerte de loas y las eternas distinciones.
            También este dipsómano contumaz aprendió de los números memorizados por  intermedio de la nemotecnia, cosa tan normal en la sociedad trashumante de aquel tiempo, y su lenguaje primitivo a fuerza de oír cánticos religiosos exaltados y de los marineros exóticos del más allá fue incorporando frases inentendibles que luego transformó en versos copiosos, porque el bellaco tiempo atrás dijo ser poeta predestinado del ritmo melodioso y de la mejor inspiración, a pesar del repudio de sus coplas y cantares  que los verdaderos rapsodas hicieron, por utilizar éste lugares comunes y en un verso fácil, cojo y  lleno de incongruencias curdas, al extremo que en la vulgaridad  si no es por la cítara  que pudiera pulsar como una lira neroniana y lo adulante  aprendido de su socio el ciego, pasara como uno más entre los allegados de ocasión.
            Vivió escondido en el derroche alcohólico por la prohibición societaria, sin aspavientos, pero aspirando consumir todo el agua ardiente  para acabar con este mal antiguo por herencia del desconcertado Noé, lo que también le mantuvo distante del honor de otras tribus, aunque el perdón excepcional  del bondadoso Alá se dejara traslucir para apaciguar la intimidad, y ello con el tiempo le hizo acceder al grupo crónico de los enfermos sin retorno, a pesar de que todos estos aconteceres  humanos le tenían sin cuidado ya que la luminosa estrella de su amigo el ciego le permitió mantenerse a flote del desierto, ayuno de un mayor resplandor, y se arrastraba  besando los pies perfumados en plan de humillación, por lo que no hubo ulema, caíd, jeque, par o semejante que dejara de ensalzar, y hasta uno en exceso gordo y maloliente  lleno de desafueros ventosos le colocó en cierta posición de gobierno dentro de la mayor ingratitud  o desmemoria, y menospreciando a su propia familia nada realiza de positivo y hasta reincidió en el delirio fantasmal cuanto escondido del poderoso alcohol y otros estimulantes mentales  en prosa mal habida, el verso decadente, y aquellos  que pretendieron beneficiarse de su presencia en el mando fueron silenciados  al absurdo y extremo porque tanto el borracho como el ciego dándose palos entre ellos  en esencia eran una misma realidad interior, uña y carne entrañables, cortos o largos de visión, engañosos y tan egoístas del repartimiento conjunto a objeto de no permitir que nadie se acercara hasta el panal de ricas mieles que defendieran por mandato de Alá las águilas del desierto arábigo, salvo una pequeña cohorte de paniaguados desprotegidos y débiles marionetas que visitando espejismos sin fronteras por mendrugos de pan y solo ofertas maravillosas hacían lo que hubiere lugar en favor y al turno de la pareja en trance de ser hipnotizada.
            De esta suerte postiza por deducciones cabalísticas de los mismos actores fueron entonces corriendo entre el desierto, andando a través de oasis y cuchufletas, entre caravanas  sin ruta y camellos sedientos, entre ovejas esquilmadas y halcones escapados de la cetrería, finalmente entre el filo de los mandobles y bruñidos alfanjes, y su advenimiento fue tal que en la osadía pertinaz  llegaron a las propias puertas de La Meca para exclamar a cuatro vientos la maravilla de su poesía, la profundidad de su ciencia, la ayuda al menesteroso y la limosna sabatina al necesitado. La abstinencia ejemplar  de sus vidas que incluye la ablación femenina, la entrega a Alá en este mundo errante y los miles de favores  realizados  sin cobrar alcabalas, gabelas, medias anatas, almojarifazgos,  comisiones, excesos o tributos, lo que era una mentira más grande que toda la península arábiga incluyendo el Mar Rojo,   por lo que los barbudos doctores de la ley, los sabios y los expertos de la verdad verdadera estuvieron todos de acuerdo en la falsía de sus exposiciones pueriles, y antes bien condenaron la palabra certera, so pena de otros castigos ejemplares valga decir lapidación o colgar a ambos intrusos por taimados, inescrupulosos y corruptos.
            Pero el tercer ladrón, que diera aún más trajín que la suma de los anteriores, fue tal su estilo y viveza como para llegar a confundir  los oráculos, talismanes, los signos positivos del zodiaco y las premoniciones satánicas. Levantado en la mayor miseria de una familia multípara marginal, era él quien limpiaba el cagajón de las ovejas y traía las pesadas ánforas  de agua para beber, desde aquella fuente de nostalgias que sirvió de lavadero común y abrevaba la sed de cuantos animales lugareños existían.
           
Alí Babá.
Su vida triste rodeada de dinero fugaz empieza en el desorden  común de la anonimia por allá en Hebrón, al otro lado del desierto total, muy cerca de las cabras  y de otros sinsabores comunes. De él también se comenta que en la oscura noche de los engendros subliminares y las concupiscencias con velo facial, sin nombre o apellido, tuvo que ver mucho con el judío parlanchín que vivía a la vuelta de la esquina, de donde el muchacho nació diferente a los demás, con cierta viveza insólita y un estigma social, por lo que en el correr de los años lunares cambió el lugar de nacimiento para acogerse a otras tribus esquivas, renegando de su estirpe precaria, a fin de acallar estas tempestades y otras voces agoreras.
            En lo certero de su andar disperso con premura perdióse del mapa palestino y en la peregrinación a trochemoche guiado por las estrellas equívocas debió pasar hambre, limitaciones estéticas  y necesidades a montón,  en antros, tugurios y tierras relegadas que le templaron el carácter mas no el alma; y para sobrevivir, tiempo adelante en la almoneda de la lonja del mercado cautivo que le servía de fuero contó que anduvo desvariando por las islas eróticas helenas, entre bárbaros y otras tribus caucásicas, disfrazándose de mil maneras corderiles para continuar viviendo aunque fuere a empujones, en un “clío”, “clío” como los polluelos regionales quiso conocer al carcomido por famoso  Herodoto, pero éste por la desfachatez  engreída  del intruso le cerró las puertas de a par en las narices y después con una manía irrefrenable de lo ignoto panglosiano atraviesa el Ponto Euxino, la Dacia, cayó en Tracia, caminó al Peloponeso de  piedras y guijarros, o al menos así se jactaba  en decirlo, aprendiendo las máximas picardías de los armenios especuladores, hasta trató de vender secretos hurtados a la gente del zar Boyardo, y con aquellos fardos y costales plenos de abalorios, cascabeles y otras engañifas anduvo en veleros de ingratitud, entre aqueos y maniqueos en la búsqueda de títulos  y canonjías, saqueó la mansedumbre de los nubios, arrasó con los restos cristianos nilóticos, dormía junto a un perro pastor y a pierna suelta en la necrópolis de Atenas, trató de empeñar y hasta vender  a precios viles un sarcófago real encontrado por suerte en Luxor, se hizo más agareno en la subida a tierras etíopes, bajó y anduvo sorteando cuchillos y colmillos eritreos, trompas de elefantes  ayunas de marfil, y luego de ser tan andariego y con el engaño del bazar de palabras, genuflexiones, besos, te himalayo y afectos que en la trampa mortal prodigara, después de maldecir la extensa y espinosa vuelta al Mar Rojo con dos o tres lacayos incondicionales que mantenía en rayana pobreza, recordando los tiempos idos recaló un buen día, tan largo como el de las murallas de Jericó y lleno de nubarrones cuanto de presagios, por entre los canales del estuario de los ríos madres  de la civilización y el castigo, sentándose así, con barca y ujieres que cargaban el incienso para cubrirlo de olores atractivos en la pacífica y activa Basora, que era como el correr de vidas y negocios de aquella quietud escarlata del Medio Oriente en trance de ser entero.
            Claro está que a poco de andar en los ajetreos de la villa portuaria convulsa y siendo de menor edad en relación a los otros  pillos o pilluelos, mediante manipulaciones ventajosas pero abstractas  entró rápidamente en contacto con el ciego alabancioso y el borracho contumaz, lo que en la vuelta de los meses  y por pertenecer a la misma corporación de comerciantes especuladores, en una y otra forma fueron cerrándose de cierta amistad que aparecía cultivada desde tiempo atrás, y éste, el novel de los tres taimados cófrades, con los cantos de sirena aprendidos en tierras de herejes espartanos confundió la viveza  de los otros al extremo que en poco tiempo el suave déspota hecho un mullah religioso estuvo dispuesto para las grandes aventuras, llamadas por él sin pestañar “los sacrificios”.
            Así en la aberración de los signos mal puestos del zodiaco por sumerios y caldeos en vieja disputa con los persas, el granuja de marras logró seducir  a un viejo decrépito pero tenido entre los siete sabios del poder de los no profanados lugares, y a esta santificada momia viviente  envió con rapidez  para ejercer presión inaudita y por tandas sucesivas, la macabra cohorte de lacayos amaestrados, y luego fue él, personalmente, ahora sin petulancia, y entre medusa, Fedra, hydra, chacal y perra parida, con los cuenta cuentos mandarines que le narrara desde cuando malviviera aprendiendo caprichos  en aquella tierra de los césares de Suetonio, le convenció al extremo que pronto el anciano achacoso  fue cediéndole cuotas de poder sin otro beneficio, y aquel, como el pulpo de las entrañas marinas de Omán, entre dedos y codos fue encercando sus ardides comerciales, tan pegajosos cual la goma arábiga, el incienso del mercado de Yemen y el alcanfor.  
            De este modo travieso aparecieron los nuevos adulantes, aunque el hombre no penetraba bien  en las esferas de los negocios patriarcales, ya que muchos se dieron a la tarea inequívoca de indagar sobre el origen raizal del avispero. Así de simple se supo porqué renegara de la tierra el relamido, de una mujer cornúpeta  y desaguisada que anduviera tras sus pasos viciosos por las correrías de los tiempos iniciales, de cómo era maestro de filigranas en el pedir y en rebajarse para obtener beneficios absurdos, de sus amistades y entornos con tiranos grotescos, y de una esclava blanca, vándala, de ojos redondos verdes, que por excelente cocinera  de chorizos y albóndigas  en tierras peninsulares morunas tomó como mujer escogida al azar, allá en los tremedales del mal recuerdo y la pobreza infantil. Lo cierto de estos claros episodios fue que el insaciable y tenaz palestino hizo tal amistad con el ciego y el borracho juntos, que cada viernes ejemplar después del oratorio en la mezquita que exclama ente cantos, sentencias y voces azoradas, luego se reunían con seguridad para agarrados sobándose  las manos y entre pedazos de cordero, tazas de té enigmático y consumos de narguile casero, contarse una tras otra sus fraternales fechorías.           
            El desalmado estratega comenzó  a armar todo un tinglado de taller grande entre los escombros de cierta casa violada por el abandono, para ante ruidos siniestros y trastos baratos  elaborar unos signos caligráficos  que por inmodestia  y exageración  en poco tiempo dijo ser  de la mejor factoría del mundo musulmán. Las conciencias fueron cayendo luego dentro de los negocios turbios, y a medida que por el mar  se especializaba el signo cursivo y grácil otomano  y los escritos de la conquista cruel, de maestros y artesanos honestos  iba tomando cuerpo de obra limpia, recién acabada, sin otra retribución  que el agradecimiento  interesado porque, según apuntaba en la alabanza engañosa, el publicarla era un favor del todopoderoso Alá y de su reino paradisíaco, y tal desparpajo impropio convenció a muchos, mientras las riquezas de quienes le apoyaban  con erogaciones  dispendiosas  corrían hacia las arcas  de este inconmensurable mercader, que en contra de las leyes divinas festejara con pompa el primer millón  de dinares  insertos en la trampa de los incautos clientes atraídos.
            Compró conciencias, rebajó honores, corta caminos de éxito, compromete el silencio de otros, hizo cuanta maniobra sensiblera considerara útil para procurarse de los trabajos a presentar, y con el retintín permanente  de la exclamación telúrica  y mejor teocrática de que “todo a favor de Alá y de Mahoma, su profeta”, este otro Mohamed  pudo abastecerse de buenas y millonarias partidas o caudales del reino omeya, que le llenaron de bienes y otra dignidad, al tiempo que los acólitos le rociaban incienso o agua perfumada para quitarle ese olor penetrante entre cabra salvaje, oveja sin esquilar, y ajo que de antaño le perseguía a satisfacción. De esta manera insólita el granuja empieza a crearse todo un mito alrededor de su extraña figura, cabizbajo, amnésico, pigmeo, pensador de diente roto, con los escasos hilos de plata  entre las estrechas sienes, esquelético, enamoradizo sin definición, a veces soez,  y que daba unas fiestas rumbosas por extravagantes, estrambóticas, casi palaciegas, todas en la intimidad de la carpa, incluidas las mancebas para buscar lo deseado en cuanto a sus intereses inescrupulosos, aspirando en el compromiso a cuotas comerciales calificadas, por lo que al insistir sentarse  entre los que manejaban  los cuadros políticos del imperio de Alá, con esas garras afiladas difícilmente ocultas creó un grupo de extorsión que le era en la totalidad servil, donde ya acorde con otras  ideas exóticas, advenedizas por excepción, exigía como parte sustanciosa  del botín el quinto real y de preferencia el diezmo convenido, primicia o gracia suprema, y de allí hacia arriba dentro de aquellos muchos millones  de tesoros que la ambición desmedida  y las agallas más grandes que las de cualquier ballena, pudieron embolsillarse en arcas propias, a tal osadía de pretender emular al glorioso turcomano rey Midas, admirado siempre porque todo lo que tocaba se convertía en otro sonante para engrosar cornucopias metálicas, y hasta se cuenta que dentro de los escrúpulos enojosos en gruesos sacos de algodón de lienzo egipcio vino a exportar moneda falsa hacia el principado de Malabar, y de allí mediante artes de magia, malabarismos increíbles, juegos manuales y embelecos defendidos  por caravanas de ventaja, con pasión inocultable atrajo cestos de escasas aleaciones finas y pedrería preciosa, en su mejor tenor y oriente de belleza.
            Rodeado el pillo de un círculo de descastados  que procreara durante tantos años, dio de fiestas y de francachelas en su residencia campal, que en los mejores tiempos  del califa Harum al Rashid se recordaran, obsequiando mujeres y prebendas por doquier, las que de manera gratuita eran puestas en la ofrenda a las diferentes toldas pugnaces, pudiendo navegar sin contratiempo entre las briosas aguas del interés determinado, hasta que al final, por esas sinrazones de la adulación y el compromiso pudo sentarse en algo que le quedara grande, ¡dígame¡, donde cultivan además de granados, higos y pistachos las leyes humanas que manejan el país.
            En aquella mala hora ya había despojado a su legítimo  propietario el mayor colegio musulmán del imperio, acusándole de maricón a lapidar, a desterrarlo después de rasurado el cráneo, para siempre, y hasta decapitarlo si los doctores de la ley coránica así lo manifiestan, expropiándole  el sitio de enseñanza por cualquier suma lastimera y pasando este bello edificio que recuerda al Profeta en las primeras dinastías abasidas a engrosar las arcas torvas y repletas de sus conocidos caudales en la misma época  en que dentro de los talleres de trabajo por planchas medievales gálicas  también había publicado  mas de mil obras de una caligrafía excepcional, lo que con codicia desmedida le condujera a reunir cuentas de maharajá superiores a las que pudo contemplar en la cueva áurea del asustado Alí Babá.
            Para estos tiempos de presagio el mal ladrón que usaba cuellos blancos de cisne se había hecho de un nombre con buena parte de la investigación perteneciente  a sus seguidores y del apropiarse de otras obras benéficas escondidas, y con el mayor cinismo plagiario con desparpajo supino las hizo reproducir como suyas, en las fraguas tristes de su opaca actividad creadora. Con el acervo de épocas lisonjeras de la región también compraba devaluadas por pedazos todas las conciencias sobornables de la región mesopotámica, aspirando aún más a las dignidades altas a conquistar y cuidado si en golpes por la espalda previstos intentó ser califa, bey o visir, a través de la presión utilizada, a veces al máximo, por medio de los lacayos deshonestos o mediante la simple urdida depravación, la complicidad o coautoría manifiesta en sus variadas formas, y la alabanza que extralimita, al extremo de creerse nuevo sátrapa de las ideas geniales, hombre de extensas y sanas narraciones que por canales de terceros publicara dentro de la fina  red comprometida en que se halló, con áulicos o panegiristas  de tales letras e infundios escritos sin razón, viéndolo bien, todo terminado a fin de cuentas en una sórdida mediocridad, que es como lo recuerda la historia fabulada.
            En aquella vulgar existencia mesiánica, instaurada para con antelación fusilar retazos de tiempo aurorales, al granuja le dio por inventar toda suerte de construcciones de escaso valor, con fondos incompletos, a fin de colocar morondangas engañando a pastores incautos, y dentro de sus más extensas o destructoras aventuras  terrestres hizo guarida propia en los jardines heredados de Academus, ahora cubiertos de mirra milagrosa, de los que añora hablar por tradición plebeya, cuando las correrías suyas de la miseria en pos de los astros bienhechores, y bien pronto, con la compra inusual y lo timorato de los otros, por lo ducho, hábil y desconcertante que era se atrincheró tras gente incondicional  para manejar el ocultismo a su antojo, la transmigración y hasta el embalsamamiento de cadáveres, desde ese sitio por demás sonoro mediante los pífanos acordes, a donde con la mayor argucia graciosa para asegurar los votos requeridos  trajera a rebeldes gitanos y hasta se dice que a judíos conversos por la conveniencia del negocio.
            Se especuló entre grupos que el usurero en cuanto trabajaba de día y de noche aumentando los ingresos de su administración delirante, habíase hecho todo un experto en angulosos números arábigos, aunque utilizara todavía el alfabeto cuneiforme para el manejo de las cuentas secretas. Mas sucedió entonces que cualquier mañana ejemplar, entre tanto tráfago y capital consumidos, el ladrón comenzó a sentirse enfermo de cuidado, y fue tal las molestias observadas por aquellos shamanes de su tiempo, que a pesar de los paños calientes, los pediluvios y gargarismos para alejar los malos sinsabores, con prisa y talegos de las monedas requeridas debió trasladarse en parihuela hacia el recto Indostán para ser ensalmado al abrigo de las altas montañas, donde se cuenta que un quimerista o práctico de estas dolencias y misterios del alma le abrió el cuerpo a lo largo, en canal, como a una vaca no sagrada, rompiéndole las costillas para mediante fórmulas alquímicas sacarle lo pútrido malsano, y se ha escrito también que el ladrón usurero, como lo explicase después, soñó que en los ante portones de la muerte y con los entresijos afuera, su imagen de Sardanápalo lucía como la de Nabucodonosor, con orejas de pollino, hecha de oro aunque se desmoronaba por los pies, que eran de arcilla húmeda del Tigris, mientras un concierto de moscas verdes  bullía deleitando en derredor.  
            Luego de superar desgracias a granel regresó a Basora como  un borrego tierno, con el antifaz de la humildad, más demacrado que nunca, entre jade y turquesa de color, pero ya las situaciones  habían hecho su cambio, sin existir el manto de nubes que opacara la realidad, y a pesar de que el ladrón, el borracho y el ciego continuaron visitándose los viernes consabidos  para relucir en claroscuro cuentas inmorales, las generaciones de avance, algunas bajo sacrificio o esquilmadas por ellos, hicieron suyo el popular refrán   ibérico “a otro perro con ese hueso”, aunque perros hubiera pocos  en el lugar; y sobre el fundamento axiomático de sentarse en la puerta  de la sufrida tienda para ver pasar el cadáver del enemigo, ya los cantos  celestiales del Profeta  y los clarines de sus voces sin recogerse se perdían en la inmensidad del gélido desierto huérfano de nubes.
            Algo nuevo, menos explotador, apareció en el escenario del futuro a interrumpir, mientras aquellos tontos silencios infinitos envilecían envejeciendo, con disfraces y máscaras vidriosas venecianas, con caras de trasnocho y sentimientos de yo no fui, sin tribuna ni acólitos, sin páramos ni llamas, por lo que entonces acá, ausentes de magia  e idealismo, como recompensa a tantos delitos y pecados cometidos, en la maldición y pestes desatadas por la hégira radical fueron condenados infaliblemente al desprecio colectivo, al abandono y la indiferencia, a regresar sin cargas hacia los orígenes aldeanos del horizonte y a borrar sus nombres devaluados donde habían sido esculpidos por las propias estrellas.
Sherezade.
            El ciego debió vagar sin lazarillo bizco en la inmensidad del limbo complaciente, oyendo en todo tiempo los cantos atiborrantes de los verdaderos aedas; el borracho bebería sin cansancio dentro de los mismos toneles hediondos en que se fermentaba  los mostos dejados por el seráfico inventor Noé; y al fino ladrón, en la sentencia eterna se le impuso verse cada vez las entrañas puestas en sus manos sangrientas por Prometeo, para escarnio de las generaciones posteriores.

            De este modo sencillo o pedagógico y antes de aparecer en columna los demás penitentes, fueron extraídos de ultratumba, para bien conocerse, tres de los cuarenta cascos que acompañaron sin rescate al encantador serpentario por asombrado Alí Babá. Alguien dijo en la estancia que aburrido de vivir este asombrado gestor, como nosotros, se había fugado con ellos en una noche clara, para no arrepentirse más.