lunes, 6 de agosto de 2012

LA GUERRA MARÍTIMA CONTRA VENEZUELA

            Amigos invisibles. Parece cosa del destino pero lo cierto es que nuestro país ha sido tomado como de la mano no solo por ciertos orates que se vanaglorian de sus desaguisados, sino que además el dios Marte siempre le hace sus carantoñas de modo tal que en el recuento de la historia patria y salvo los cuarenta años de la llamada democracia, o sea el periodo cursado entre 1958 y 1998, el olor fuerte de la pólvora siempre se ha extendido entre los campos abiertos por los cielos flamígeros como obra del desastre guerrero. Eso es algo que se llevaba en la sangre de manera atávica, cual si todos fuéramos de origen caribe puesto que donde apenas se oyera el repiquetear de un tambor los descendientes mestizos formaban fila sin tener en cuenta cualquier bandera que ondeara a la bartola, frente a los pistolones de algún energúmeno engordado de magnetismo que ahora llaman carisma del bueno o del peor, y mire que cuánta gente se dejó matar por esta pistolada. 

            Entando así en el grupo de los recuerdos agridulces  las costas de la patria fueron venero permanente de guerra, combates, discusiones, desafíos, tropiezos,, guerrillas, encuentros, pleitos, peleas, combates, discusiones, desafíos, tropiezos, intromisiones, y toda suerte de disputas en aquello de quítate tú para ponerme yo, porque hay que ver el despliegue de pretendientes que desfilaron desde más allá de las bocas del Orinoco hasta perder la vista playera del otro lado de la Goajira indígena, cuando muchos aspiraban desembarcar en busca del botín marinero o de la simple rapiña, o del amor compartido de las violaciones no solo de tiernas vestales sino hasta virginales íconos religiosos cubiertos de milagros que se favorecían en el altar enhiesto de los templos consagrados.


 
Alonso de Ojeda
Pues bien, ahora vamos a retratar una de las tantas historias vividas por nuestro país en ese trajín diario que fue el combate contra las fuerzas de las naturaleza que habitaban por siempre en sus costas diversas, desde cuando Alonso de Ojeda le metió el ojo a los escenarios zulianos y el valeroso Diego de Ordaz venido de Méjico con ideas áureas navegó el abundoso río Orinoco para en el fondo nada encontrar de lo que  ansiaba.  Pero  estos  cuentos,  anédotas y  verdades de  familia  acaso
Río Orinoco
Diego de Ordaz
exageradas por la voz pública se fueron haciendo paulatinas mientras éramos visitados por flotas y flotillas y hasta por algún aventurero singular que a la caza de riquezas minerales o humanas  manifestaron su interés por estas playas arremetidas con ciertos vendavales normalmente de escasa proporción pero sí dañinos en cuanto a su presencia que se hizo cotidiana y por ende molesta para la paz colonial. Muchos fueron los avistados y mejor haciendo frente a los pocos representantes de Madrid, pero sí se les recuerda a unos por la fiereza en la devastación y a otros mediante ciertas mañas programadas en la intentona acaso de sentar otros pendones de conquista o para sembrar el terror entre sus habitantes. De esos viejos capítulos ya superados donde descuellan  Morgan  y Granmont,  Jackson,  Myng,  Raleigh, Hawkins,  Preston,  El  Olonés y muchos aprovechadores que constan en la


historia de siempre, como de otros enviados por imperios de arrastre venidos esta vez en intención guerrera, fuimos así pasando en plan de transitoriedad a la etapa de la Independencia de Venezuela, donde se presentaron tantas peripecias en este sentido marginal dignas de contar  que serían como motivo de algo escrito pero de mayor longitud, cuando ya se perfilaba en el horizonte intereses específicos porque al sonido tintineante del metal ansiado se alistaban naves de diferente cabida con intenciones nada ortodoxas en cuanto a nuestro bienestar, de donde barcos guerreros ahora de chimeneas carboníferas y de bandera inglesa, o de la flor de lys, o del reino de Holanda y hasta extraños pero interesados como  de Dinamarca y hasta Suecia rondaron en el derredor acuático, como ya es conocido, sin dejar de señalar alguno estadounidense, pues ya desde 1898 estos últimos pensaban de otra manera y mirando con privilegio hacia las Américas que se dirigían al Sur.

            El siglo XIX en nuestras costas comenzó a moverse de diferente manera, desde luego que interesada, no solo en el recuerdo del achacoso buque Leander que trajera el general Miranda, por causar desasosiego, sino porque el país con la guerra madre de Independencia se había endeudado y ese dinero a pagar debido a la escasez habida puesto que se exportaba muy poco, siempre anduvo en suspenso, esperando alguna oportunidad sortaria, a lo que se sumaron otros préstamos de urgencia y de alzado interés adquiridos por la república para mantener escaramuzas diarias y según lo decimos en criollo, locateras salidas de la imaginación perturbada de algunos energúmenos caudillos en trance de ser presidenciales. Toda esa amalgama de situaciones desorbitadas en verdad eran vistas con ojo avizor desde las esferas bursátiles y bancarias de los grandes conglomerados europeos, en la esperanza de un mejor cambio de tal situación para seguir en el ejercicio diario de la condición prestamista. Pero al revés de ese optimismo con las guerras internas la situación siguió desmejorando luego de la destructora Guerra Federal, del terrorífico paludismo que azota el país, de las pretensiones áureas inglesas sobre el oeste del Esequibo, que van corriendo a diario linderos a su favor, y de esa conjunción de factores con el reaparecer de caudillos de salón como Guzmán Blanco que mandaba aquí pero vivía en París, y del desaforado Cipriano Castro quien mantuvo en revuelo tanto a la gente    radicada   en  Venezuela   como  a  los  acreedores  del  extranjero.

Guzmán Blanco
Cipriano Castro

Pues bien, este caballero andino venido de la montaña como un torbellino inesperado quería transformar a Venezuela a su manera de pensar, pero terminó envuelto en mil líos nacionales y extrafronterizos al extremo que en lo interior le dio por pedir prestado y obligatorio algún dinero a la pequeña banca privada, y de inmediato por la respuesta negativa los hace presos obligándoles a desfilar en Caracas de manera humillante, y otros desmanes de esta categoría que ocurren. Pero lo de mayor alcance fue cuando rotundamente y ante la crisis que soportaba dijo que no iba a pagar ninguna deuda contraída por Venezuela en mercados foráneos o en el interior debido a los reclamos de extranjeros, principalmente de las colonias alemanas, inglesas e italianas, y que les fueran a cobrar a quienes lo hicieron, como también se niega a indemnizar a súbditos de otros países aquí establecidos por daños que ocurrieron en las contiendas civiles, siendo apoyados en sus reclamos por los países de origen, lo que en el absurdo más grande prende la candela al extremo de reunirse de urgencia las entidades europeas acreedoras y en especial Alemania, Inglaterra, Italia e incluso Francia que también pone en alerta algunos barcos de guerra mantenidos de prevención en el Caribe, flota naval en su conjunto de importancia que desde luego tiene todo el apoyo de las respectivas potencias en vísperas del conflicto.

            Los problemas marciales para obligar al presidente Castro en cuanto al cumplimiento de las deudas acumuladas, comienzan a agudizarse desde el mes de agosto de 1902 y con fines de una presión internacional seis países aparecen en el horizontes costero mostrando nueve barcos de guerra, que fueron el Soucht, de bandera gala, los germanos Gazchi y Falke, los Calabria y Grand Bueno, italianos, el holandés Koningen Regents, el anglo Alert, y dos norteamericanos que fueron el  Cincinatti y el Topeka. Para el momento esta

Falke

USS Topeka

gruesa delegación combatiente quería decir mucho, como para elevar los pelos de punta en aquel medio inesperado, y porque las negociaciones del pago y cualquier otra indemnización iban a paso de tortuga, evitando decir que se mantenían estancadas por la porfía terca o radical del presidente Castro, que entonces se sostiene entre dos frentes peligrosos contrarios, como fueron el asedio tenaz que le hacía la Revolución Libertadora y ahora la presencia inquietante de esta flota de aliados en busca de una solución quizás armada. Como el problema pendiente se mantenía estático sin ninguno dar el brazo a torcer, el martes 9 de diciembre entrante el barbudo diplomático alemán residente en Caracas Gisbert Von Pilgrim Baltazzi al combatido Castro entrega un  ultimátum de guerra con plazo de vencimiento muy corto, con lo que la cuestión armada resuelta queda a la vuelta de la esquina. Dos días después
y con la hora exacta, o sea las 2,35 pm. del ll de diciembre, las potencias europeas implicadas comienzan la operación de combate sobre las costas venezolanas, sus puertos y navíos, dentro de la fase inicial programada. Así las cosas pendientes en cumplimiento del ultimátum el barco británico Charybdis y el alemán Vinetta a cañonazo limpio arremeten contra las pequeñas defensas costeras y para completar  se da mano libre al pillaje de Puerto Cabello, donde desembarcan tropas, rapiña que incluye el saqueo del buque inglés Topaze. De otra parte y en el mismo sentido programado el navío alemán Panther logra penetrar por las defensas del estrecho o barra hacia el lago marabino, disparando así contra el castillo de San Carlos, en este “estado de guerra”, como abiertamente lo declara en Londres el primer ministro y vocero inglés sir Arthur James Balfour. Tres días transcurridos el influyente periódico prusiano Berliner Tageblatt y ante el conocimiento de los hechos recuerda en una crónica a Venezuela, agregando fue “la más antigua de las colonias alemanas”, lo que en forma subliminar vale decir mucho, como para atenerse a las consecuencias. Entre tanto del corre corre que se vive en Caracas y haciendo uso de la famosa doctrina Monroe el avisado diplomático americano con residencia en dicha capital está en conocimiento de tal conflicto por los canales regulares y de otra información adquirida, de lo que debe andar al tanto el presidente Castro porque aquel ultimátum de seguro que le molesta el sueño.
       

            En la reacción a los ataques Castro todo indignado ordena detener algunos súbditos de estas potencias que le atacan, por lo que se trasladan al duro penal de La Rotunda, mientras hace de la vista gorda ante el hecho aparecido que algunos irredentos enfiebrados de patriotismo queman varias banderas inglesas y alemanas en la plaza Bolívar de Caracas, mientras se encienden discursos violentos antiimperialistas y distribuye la famosa proclama demagógica “La planta insolente del extranjero ha hollado el sagrado suelo de la patria…”. En la continuación de esta guerra con dolientes el manejo direccional de la flota aliada conducida por un solo comando y que ahora está compuesta por doce barcos, viene a estar en manos del aguerrido almirante inglés Archibald Lucas Douglas quien el mismo 9 de diciembre disponiendo el bloqueo de cinco puertos a la medianoche exacta ordena al Panther y el Retribution actuar con sus cañones sobre defensas de La Guaira, mientras tropas de infantería  de marina desembarcan  en este principal puerto para adueñarse de sus instalaciones y apresar a los buques venezolanos General Crespo, 23 de mayo, Restaurador, en el que se iza la bandera alemana, Totumo, Zamora y Zumbador, donde se enarbola la bandera inglesa, trofeos de guerra que son tomados siendo parte de botín, así como el Bolívar, entonces surto en la isla inglesa de Trinidad, que también se retiene por esta orden general. Fuera de ello dentro de los desmanes que los invasores causan, al vapor Margarita le rompieron las máquinas para dejarlo inservible, y los navíos de poca envergadura Ossun, de bandera francesa (?), y el Crespo y el Totumo, al final fueron echados a pique.
 
Teodoro Roosevelt
            Dentro de la estrategia usada por el enemigo el formal bloqueo a nuestras costas ocurrido entre diciembre de 1902 y febrero de 1903, estuvo compuesto por veinte naves de guerra enviadas con este fin por tres países en conflicto a lo que se agregan los barcos franceses prevenidos para la contienda, así como algunos norteamericanos, que por cierto según órdenes del presidente Teodoro Roosevelt mantenían seis barcos de guerra preparados en Puerto Rico y al mando del heroico almirante George Dewey, para defendiendo a la colonialista tesis de Monroe intervenir si los europeos que bloquean pretenden ocupar de manera permanente alguna parte del territorio que hasta ahora se asedia. De esta manera y en el plan trazado el cuadro parcial  de cada interviniente ofensivo se presenta así. 
A) Flota alemana, al mando del contralmirante Georg Scheder, con los buques Falke, Panther, SMSVinetta, Charlotte, Amazon, Stauth, y Niove, que suman siete.  
Panther
SMS Vinetta
B) Flota inglesa, con los barcos Indefatigable, acorazado Retribution, acorazado Charybdis,  Phamtome, Quails, Tribune, Ariadne, Colombine y Alert, que suman nueve. 
Indefatigable
Retribution

C) Flota italiana, con los barcos de guerra Carlos Alberto, Gazella, Elba y Giovanni Baussau, que suman cuatro.
Gazella
De acuerdo a la estrategia que describe el historiador Carrera Damas en la geopolítica colonial que entonces se desarrolla, la flota alemana se encargó de efectuar el bloqueo costero desde el puerto de La Guaira y Puerto Cabello  rumbo al golfo de Venezuela, lago interior de Maracaibo y hasta la frontera goajira con Colombia. Por su parte a la flota inglesa le toca la tarea a sostener desde La Guaira y hacia el oriente costero, Guanta, Carúpano, para terminar en las bocas del río Orinoco frente a la isla de Trinidad, que era posesión británica, dejándose en función de refuerzo logístico de ambas armadas a los barcos italianos útiles en el despliegue militar de esas escuadras, como además el abastecimiento permanente que utilizan en Curazao, fortaleciendo al tiempo la tesis de erigir una base alemana en la isla de Margarita.

Luis María Drago
            Para entonces la débil y exhausta Venezuela nada podía hacer, con todo paralizado en el comercio y la exportación debido a la bravuconada insensata y estéril del mandón vanidoso Cipriano Castro, de donde en el jaque mate que lo entorna el gobierno pasando por las horcas caudinas vergonzantes entra en conversaciones al respecto con el ministro americano acreditado en Caracas Herbert Wolcott Bowen, gigantón al lado del muy pequeño Castro, para establecer un plan que puedan aceptar las partes europeas en conflicto a fin de solucionar el estado de guerra en marcha y que desde luego Bowen con instrucciones venidas de Washington sustentado con la falsa doctrina Monroe y la reciente juiciosa pero débil del argentino Luis María Drago, presenta un proyecto para solucionar conflictos que convienen a la larga y en provecho del imperio en formación americano. Por este motivo a Castro no le queda otra salida que aceptar la intermediación gringa a través del ministro Bowen como “árbitro del conflicto”, y quien en tal aprieto presidencial éste no quiere acordarse del poeta Rafael Pombo cuando canta “gobiernos dignos y timoratos, donde haya queso no mandéis gatos”. En la continuación de los arreglos que se hacen Caracas acepta las condiciones de las potencias invasoras y Bowen será encargado de firmar los protocolos respectivos por la parte perdidosa entre los arreglos que se llevan a cabo en los Estados Unidos y los países del bloqueo, lo que venía a ser “contratar consigo mismo”, pues por razones obvias Bowen congeniaba con el bando agresor. Así, debido a esta negra página histórica, el 13 de febrero de 1903 la Venezuela de Castro derrotada conviene en pagar la enorme suma de 150 millones de bolívares, o sea como la mitad de lo reclamado, y se tuvo que gravar con un fuerte 30% las mercancías importadas al país, para mediante el nuevo impuesto poder cancelar a plazos concertados la deuda externa con el eje interventor o sea Inglaterra, Alemania e Italia, a quienes además por los acuerdos suscritos se les otorgó el imperativo sistema de tratamiento preferencial. Con esta fecha histórica se da fin a la contienda bélica. Habían pasado 64 fechas calendarias mantenidas en el conflicto guerrero donde se desconoce el número de muertos y heridos como de los daños exactos ocasionados en tal enfrentamiento, porque no existían estadísticas ciertas sino simples presunciones y partes de guerra que desconocemos, aunque hubo numerosos hechos de sangre en algunos combates ocurridos en La Guaira, Puerto Cabello y la barra de Maracaibo.

            Como los adagios denotan sabiduría y es época de adquisición de aviones, tanques y otros artefactos galáxicos o asimétricos, sea oportuno reflexionar sobre las consecuencias a sufrir con dichas armas, porque en estos tiempos agitados por los exabruptos es bueno poner las barbas en remojo para que al meditar sobre el modelo descrito en el blog no caigamos por inocentes arropando consecuencias graves para nosotros y las generaciones que están por venir. Este es un buen ejemplo de las mal andanzas en que nos sumiera un loco peregrino y otro que nos pudiera hundir más, de donde vale terminar con el corolario que bien expresa “Guerra avisada no mata soldado”.