sábado, 28 de mayo de 2011

DOCTOR KNOCHE. EL VAMPIRO DE GALIPAN.

Amigos invisibles. Según he podido apreciar, aparecen vampiros conocidos desde el tiempo de los faraones, cuando ya existía un tratado que se conoce como “El libro de los muertos”, mas yo no sé si ya mordían a sus víctimas. Lo cierto del caso es que la presencia de esos seres enemigos de la luz se fue extendiendo con el tiempo, estableciéndose por Transilvania, en el oscuro castillo del conde Drácula, que empaló a miles de sus enemigos, y de allí con todo y leyenda se trasladaron hacia los humedales neblinosos de Inglaterra, para hacer de las suyas a la media noche exacta y en contra de mujeres bellas, a objeto de ingresarlas en sus sectas satánicas de la muerte viviente.
         Pero dejemos hasta aquí el alma popular de tales fábulas para explicarle a los amantes de este blog que en Venezuela existió un  personaje alemán y médico de profesión, quien durante siete décadas de una vida experimental se dedicó a tratar cadáveres y a embalsamarlos para su regocijo, de modo tal que el vecindario sin salir del terror de estos sucesos fuera de lo común y la pérdida de difuntos, vivía en un desasosiego tembloroso, confundiendo siempre la labor hipocrática del galeno con la simple especulación noticiosa pero amplificada, que en personas timoratas ponían los pelos de punta. Mas como el doctor Knoche si existió y es historia de la verdadera, vamos a introducirnos en su mundo, que va hasta el más allá para explicar algunas de esas circunstancias con que se le recuerda, y hasta ahora hay alguno que duerme con la luz prendida.
         El doctor Gottfried Knoche  nació durante una tormenta de nieve en Halberstadt de Alemania, en el reino de Westfalia, lugar de grandes tradiciones espirituales, el 17 de marzo de 1813, tiempo en que Simón Bolívar desatara la guerra a muerte con la guadaña enardecida y que deja como resultado a miles de desaparecidos,  a veces insepultos, y después de una constante actividad que lo señala como un extraño ser por las investigaciones que realiza, fallece viejo pero cabal en la montaña del Ávila, entre Caracas y la mar, en un castillo que había construido a la usanza germana y donde tenía su laboratorio propio y hasta un cementerio con ocho criptas para enterrar cadáveres que no se descomponían, sin llegar a ser zombis, mediante un descubrimiento que hiciera y que pronto se hace famoso pero cuya fórmula siempre guardó en su excelente memoria y que se la llevó a la posteridad.
         Se graduó en la adelantada Universidad de Friburgo, y como Venezuela siempre fue atractiva para los alemanes, desde cuando gobiernan al país los descarados Welsares, entre 1528 y 1542, al extremo que Hitler dentro de sus proyectos fantasiosos pensaba establecerse en la caribeña Margarita y devolver la isla de Trinidad, cuando perdiera la guerra Inglaterra, tiempo después de fallecido Simón Bolívar y en época del taita caudillo Páez, decide atravesar el mar para establecerse en Puerto Cabello y allí ser médico del apostadero naval, y luego por causas de la inestabilidad del país y las pestes que ocurren decide radicarse definitivamente en el puerto de La Guaira, que le sirve a Caracas, aunque después que arregla sus papeles universitarios resuelve la construcción de cierta vivienda en el lugar de Galipán, a unos 1.100 metros sobre el nivel del mar, de cuyo sitio luce un bello paisaje marino, o en poco camino del otro lado de la montaña se puede divisar al valle de Caracas y la ciudad capitalina de los techos rojos, donde dicen que reposaba el mejor clima de Venezuela.
         El espacio en que habitara Knoche era casi un paraíso, lleno siempre de primavera, y por allí se decía que el pirata inglés Amyas Preston en 1595 había descendido hacia al puerto de Macuto para ingresar en sus galeones, pero que en este sitio galipanero escondió el botín de oro y plata hurtado a las familias de Caracas, para evitar un presunto encuentro con los españoles que le esperaban. La casa era todo un castillo al estilo de la Selva Negra germana, hecho de rocas firmes y madera tallada que le recordaron a su lejana tierra con huertos, bosques, manantiales, zona familiar y el sitio del laboratorio y la biblioteca,  a donde  desde el hospital San Juan de Dios, que funda con otros médicos para combatir el cólera, en horas nocturnas le eran traídos de contrabando los cadáveres sin deudos reclamantes, para ejercitar sobre ellos con el bisturí desgarrante y como reputado cirujano, avanzados estudios de la rara investigación que realizara.
         Durante su estancia en Puerto  Cabello parece ser que se inmiscuyó en problemas de seguridad y dominio colonial con que luchaban a diferentes niveles tanto la Inglaterra victoriana  como la Alemania principesca y del kaiser, que es uno de los motivos por los cuales se radica en La Guaira, para salvar el pellejo. Pero como andaba un tanto solitario en aquel mundo guaireño, a pesar de la numerosa colonia comercial germana que allí florece y de tener como amante a la bella Priscila, mulata hija de un  barón Krassus alemán, dueño del tren y el cacao de Barlovento, decidió volver a Berlín para dialogar con el sabio mariposo Alejandro de Humboldt, y en su tierra natal cautiva a dos hermanas, Josefina y Amalia Weissmann, que le servirán toda la vida, al lado de la incomprendida y bella Henrrieta, la esposa, que años después regresa hasta al hogar materno europeo con sus tres hijos, y donde morirá completamente loca.
         Junto a los enseres médicos necesarios el doctor Knoche como buen lector de aventuras trae consigo una biblioteca variada con diferentes temas, sobre todo esotéricos, de ciencia oculta, astronomía, un nostradamus premonitorio, de espiritismo que practica, y le atrae de manera sobrenatural las figuras del aliado de Mefistófeles doctor Fausto, del conde Orlok, del noctámbulo y terrible Nosferatu, cornudo, chupado, de largas orejas y extremidades, príncipe de las tinieblas de los campos germánicos, del mismo Drácula que resucita en su mundo de tiempo en tiempo, y del tenebroso Frankestein, de quien mucho piensa, personaje al que la inteligencia de Mary Shelley con grandes descargas eléctricas le da vida y popularidad. Pero lo que más llama la atención de él fue la fama que le entorna cuando después de años de tratamiento y de un monólogo interminable contenido en la novela que guardo inédita, embalsama al político díscolo y liberal Tomás Lander, hombre de muchos desencuentros mentales, y bien pronto lo hace igualmente con el “macho man” general Linares Alcántara, presidente de los Estados Unidos de Venezuela, de quien descubre fue envenenado y que hasta su cadáver rodó por los suelos antes de ingresar al Panteón Nacional de los Héroes del guzmancismo, doctrina inútil que era una rémora de la política venezolana.
         Hombre que llegó a convivir con tres mujeres, la aureola creada al doctor Knoche sobre su personalidad fue de científico pero de temor y hasta de terror también, porque inyectaba líquidos con pócimas herbolarias y hasta saliva anticoagulante de murciélagos en el cuello de los fallecidos, que así impedían su descomposición y pasaban a la inmortalidad, para enterrarlos en fosas que aún persisten en el cementerio de aquella mansión, resguardada por el soldado José Pérez, por un ladrón de poca monta de La Guaira y por un  perro feroz, como el de Caronte. Cuando muere en su mesa de trabajo hacia la media noche inaugurando el siglo XX, entre el primero y el dos de enero, siguieron los sustos con esas precisiones de fechas y porque bandadas de buitres de pico blanco y algunos pájaros nocturnos que llaman vampiros enanos, rodearon su cadáver caliente, por largo rato en los 87 años de su edad terrenal.
         Con el tiempo y los viajes escondidos de ciertos ladrones de cuello blanco desmantelaron el lugar, aunque aún restan muchos recuerdos de la bella estructura del castillo, que ahora es visitado por suficientes turistas interesados en tan extraño personaje que viviera con el alma eterna, en el día y la noche sideral. Alguna vez, más temprano que tarde, se publicará la novela que con paciencia informativa pero literaria he compuesto para el deleite de jóvenes y adultos, que quizás con ello se retraten, aunque los vampiros no pueden retratarse. ¿Qué tal?.
PS. Pronto voy  salir de Caracas por pocos días, pero no se afanen porque regreso para continuar en la brega.

jueves, 26 de mayo de 2011

CARLOS MARX ODIA A SIMÓN BOLÍVAR.

El siglo XIX está signado por un acontecer de revoluciones originadas desde la francesa axial de 1789, y donde dentro de la anarquía del pensamiento, atizada por filósofos y políticos de interés, mediante la vía de los atajos y caminos dispersos buscan una suerte de piedra filosofal que los ilumine en tanto desmadre entre lo ateo y lo religioso, la obsolescencia del nuevo Estado con subsistencia feudal, y una lucha continua que va de los viejos conceptos del trabajador en busca de un salario justo hasta la aparición de la sociedad industrial que los conmueve, donde destaca aquella Inglaterra que pone entre cavilaciones extrañas a figuras analizando conceptos o principios que pretenden conocer lo que pasa, sin  encontrar el  verdadero cauce.
         La persona más resaltante  de aquel cruce de ideas sin lugar a dudas y por lo novedoso de los planteamientos dentro de la ilusión que lo persigue, viene a ser un hebreo alemán de buena formación académica que con sus trabajos publicados estremece los sólidos cimientos de aquel mundo de la segunda mitad del XIX, entre duros adversarios y algunos catequizados con el famoso libro “El Capital”, que al coger fama y sin recostarse a dormir en la intención pronto es llamado para que con el pensamiento de avanzada sostenido colabore en publicaciones de especial interés internacional. Una de estas aportaciones importantes que mantiene por un  tiempo se refiere a los escritos salidos de su pluma que se imprimen para muchos lectores en la llamada “New American Ciclopedia”, enciclopedia actualizada que en 16 volúmenes publica D. Appleton &. Company, en Nueva York, entre los años 1857 y 1866. En esta valiosa tabla informativa el doctor Marx, cuya fama ya desborda lo pintoresco para mirar en serio, fuera de otras implicaciones alusivas entre fines de 1857 y febrero del siguiente año, como historiador en plan de psicólogo, aunque con inexactitudes lógicas por desconocer estos emergentes países del Sur, publica un extenso trabajo dedicado al “mantuano” Simón Bolívar, donde convirtiéndose en el más acérrimo detractor bolivariano no solo lo descalifica en sus actuaciones emprendidas, sino que en parte llega a destruir su obra realizada, cuando  no se tiene conocimientos suficientes sobre la trascendencia de un ser que de carne y hueso tuvo éxitos, pero también errores que ahora con nuevas dimensiones se estudian, todo lo cual es objeto de análisis en la obra que estoy leyendo sobre este caraqueño y salida de la pluma de Aarón Truman.
         Pues bien, en el juicio insólito que Marx hace del personaje sudamericano, realiza una serie de apuntamientos que a Don Simón no lo dejan bien ubicado, como tantos que al contrario y a favor le han hecho críticas cual figura mítica digna de veneración y de los altares de la gloria. Comienza el barbudo alemán por denigrar al Libertador cuando comparándolo con el caudillo corso muerto en Santa Elena, lo tilda de “pequeño Napoleón”, de “Napoleón de las retiradas”, como después lo identifica el general Manuel Piar, y que “sus campañas castrenses fueron un  alarde de mediocridad”.  Para continuar en estas interpretaciones tan sui géneris emanadas de este combatiente socialista pero que recogen un malestar europeo frente a la figura díscola del mantuano, continúa en el descrédito necesario de mejor investigar,  cuando afirma siguiendo a Ducoudray Holstein, y también al militar  John Miller, que este caraqueño fue disoluto y procaz, vil dictador que “tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco”.  En la continuación de las saetas esgrimidas, que quedaron bien grabadas para tomar en cuenta por ser quien las escribe, sostiene que él era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y que su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar. Sobre estos considerandos tan agresivos yo considero, por ejemplo, que la Campaña Admirable de 1813 no tuvo nada de mediocre, aunque sí de temerario y sangriento, por las circunstancias del momento. Lo de dictador sí lo fue en varias ocasiones pero un tanto a la manera griega y en el empeño centralista que siempre tuvo, de fortaleza, para evitar el caos y la anarquía militar, ya cuando regresa de las campañas del Sur y va rumbo a la muerte.
         Un colaborador de las páginas de opinión del diario El Universal, que se edita en Caracas, o sea José Toro Hardy, el 27 de julio del 2010 indica que Marx escribe a su fraterno Engels sobre el afamado oligarca caraqueño, afirmando que era “el miserable bribón”, “inescrupuloso líder de la aristocracia”, y que “las campañas de Nueva Granada y de Quito se debieron a las tropas inglesas  y no a Bolívar”, lo que es una verdad menos que a medias, para no entrar en detalles. Sobre el particular podemos agregar que el padre de la doctrina comunista, que debe haber estudiado al general triunfante  con algún detenimiento, asienta en frase rencorosa, sin rodeos y llena de desprecio hacia aquello que se llama burgués, cuando expone que Bolívar es “el canalla más cobarde, brutal y miserable”, seguido de otros conceptos peyorativos por demás irrespetuosos. Sobran los comentarios.
         Pero aún no se detiene la descarga de este personaje prusiano teórico de la izquierda y autor de tantos escritos materialistas, sobre el “pequeño burgués de ideas reaccionarias”, a quien en la comparación denigrante lo califica en carta a Engels del 14 de febrero de 1858, como “rey Souluque” o Faustino Iº  (“Bolívar is a veritable Souluque”),  déspota esclavo negro de origen mandinga, analfabeta, sanguinario y vitalicio, que se erige pomposamente emperador de Haití, cuando se corona y vestido con capa de armiño anduvo rodeado de una esplendorosa corte, mientras  siempre tuvo ganas y hasta intentonas fracasadas, de ponerle la mano a la república Dominicana.  Pero con las vueltas que da el mundo y más la política, esa idea esgrimida por el filósofo creador del comunismo y a quien se seguía sin chistar de sus reflexiones en la Unión Soviética, por necesidad de congeniarse con los países bolivarianos y otras causas vistas de lejos, a partir de 1956 y dentro del revisionismo que en Moscú se ejecutaba, el nombre de Bolívar se decanta de toda sospecha reaccionaria, para la complacencia de muchos.
         Vuelto con las ideas aquí someramente expuestas, el economista venezolano José Guerra en artículo de prensa  opina que “Marx considera a Bolívar como un  traidor, cobarde, desleal, militarmente inepto, racista y dictador”, lo que contradice en toda su extensión con el pensamiento de derecha que lo ensalza, como existen ciertos grupos radicales en Colombia y Venezuela, donde la posición oficial, tergiversada y revisionista a su vez de la Historia lo considera como un  héroe impoluto. En el otro bando crítico aparecen connotados historiadores que razonadamente y dentro de un juicio ajustado a comprobación, analizan según criterios personales al verdadero Bolívar. Valga recordar, por ejemplo, al médico José Domingo Díaz, que bien le conoció, a Level de Goda, al catedrático español Salvador de Madariaga, al peruano Morote, y al pastuso jurista doctor Sañudo. Pero hay un trabajo capital que ha deslindado ambas posiciones extremas, publicado en 1970 por el académico venezolano Germán Carrera Damas y que es necesario leer y subrayar. Me refiero a su libro “El culto a Bolívar”. En lo referido a la cuestión del odio enfermizo de Marx sobre este Libertador de tanto quehacer, saquen ustedes las personales conclusiones.  

lunes, 23 de mayo de 2011

DE COMO SE DIVIDE LA AMÉRICA LATINA.

Amigos invisibles: Existe tres maneras de interpretar este título cautivador, pues depende  de la óptica con que usted mire el problema. Y así vamos por partes. Dentro de una concepción clásica de lo que escribo sería acudir al pretexto geográfico y cultural de dicho territorio en estudio, por lo que dentro de las pérdidas territoriales sustraídas al entorno político, se puede establecer una zona de entendimiento focal que ocupa desde el sur del Río Grande, divisor de México con los Estados Unidos, hasta la irónicamente llamada Tierra del Fuego, en el sureño Estrecho de Magallanes, al extremo inferior continental donde usted  sentiría algo de hipotermia por escasear el fuego.
Pero entrando en materia, que por acá la inauguró el descubridor cosmógrafo Juan de la Cosa y antecesor de Américo Vespucio, la América a que nos referimos se extiende por varias repúblicas mal distribuidas que van primero desde la frontera territorial con los Estados Unidos hasta casi el golfo del Darién colombiano, y aquí ya existen dos contradicciones porque México aparece formando parte de América del Norte, acaso en el recuerdo de todo lo que perdió cuando la invade el Tío Sam y aquel innombrable manco del general Santa Anna, presidente mexicano, que en la rendición de El Amarillo le obsequia a los norteños gringos prácticamente otro tanto de lo que el México ranchero hoy es, como condición para salvar la vida. Y el otro entredicho territorial corresponde a Panamá, que perteneció a Colombia, o sea a Suramérica, y ahora se ha corrido para Centroamérica, desde cuando se independiza como nación autónoma.
         Dentro de esta original manera de ver las cosas existe un grupo de países por demás interesantes, que van desde la frontera sureña de Chiapas, en México, hasta las vecindades del colombiano río Atrato, que se gasta el record Guinnes de interrumpir la carretera panamericana, desde los años cuarenta del pasado siglo hasta hoy, por lo pantanoso del entorno, y a pesar de los múltiples proyectos que se han hecho para solucionar el impasse. Estos países que forman una comunidad son amigos y hermanos pero no fraternos, valga la expresión, debido a las características personales de cada uno, llamados entre ellos ticos, nicas, catrachos, chapines, cuates, etc., pero con disputas territoriales de tierras y volcanes, con idiosincrasias marginales y orígenes diferentes, donde predomina aún el elemento indígena mestizo de mayas, quizás ramalazos de aztecas, chorotegas y otros que aún desayunan, almuerzan y cenan con tortillas de maíz, los que pueden, todos diseminados en un estrecho territorio bañado por el mar Caribe y el rubicundo océano Pacífico y donde ahora predomina el deseo permanente de emigrar hacia los Estados Unidos, aunque cueste la vida, porque de otra manera el resuello se pierde en callejones vecinales desde el convulso Guatemala de los maras salvatruchas salvajes y hasta de vecinos zetas, por El Salvador, que tiene un  presidente sensato aislado en ideas guerrilleras del Farabundo Martí, Honduras de carteles coqueros que derroca al atormentado Zelaya en un juego de presiones con cabeza de ratón y no cola de león, al títere beodo y como dicen violador de Ortega, un país aún en bancarrota, y salvándose de esta hecatombe circense existe una nación ya estructurada, pequeña y seria pero con futuro y hasta informático, que es Costa Rica, para terminar el desglose centroamericano con Panamá, que domina el canal interoceánico y rey del mar a punto de abrir una nueva vía marítima de gran envergadura  y cuya capital ya se perfila como el Hongkong financiero y negociante de América Latina.
         Sin embargo viene a colación la existencia de cuatro países mecidos por los huracanes que de junio a noviembre allí se desatan para desconsuelo de todos y dentro de ese gran mercado que es el mar antillano del Caribe, nombre dado en honor a los indios antropófagos venidos desde el centro del Brasil para almorzar carne humana con las poblaciones allí existentes, incluidas las mujeres del botín, hasta cuando aparecen los españoles en plan de conquista y colonización. Me refiero en ello a la república de Haití, bello enclave de origen francés, que fue tomado por la población esclava africana allí existente y que por circunstancias que no puedo aquí analizar, porque son muchas, y arrasado el país entre hambrunas, terremotos, vendavales o ciclones, dictadores sanguinarios, pobreza general y pírricas ayudas de sostén, se debate en la esperanza de encontrar alguien que la levante sacándola del fango pero no mojado.  Al otro extremo de la misma isla haitiana  se encuentra no ya el francés sino el castellano criollo que se usa en la república Dominicana, que parece haber hallado por fin el rumbo entre la senda de progreso a base del turismo en gran escala que desarrolla, la música merenguera pegajosa que sostiene y la amabilidad de su gente, lo que le permite balancear los gastos del erario público, junto con las mesadas mensuales que llegan de los Estados Unidos, por parte de emigrantes que allí habitan. Caso excepcional de este rosario de islas hispanoparlantes es la república de Cuba, isla amplia, de belleza sin igual, de una población activa con dos cabezas, sin ser hidra, una en la propia Habana y otra en Miami, sus contornos y el Congreso de Washington, con personeros adversarios, pero que mantiene un férreo poder comunista con los tarifados necesarios desde 1959, bajo la batuta del casi difunto más que octogenario Fidel Castro y su hermanísimo Raúl, que para no desaparecer como república independiente y recordando que de ello tuvo poco, pues  del predominio colonial español luego de una guerra fabricada pasó el predominio y esfera norteamericanas, como otro hijo de la consabida doctrina Monroe, olvidando por tanto que tuvo misiles soviéticos en su territorio, que hasta 1990 manejó con dinero imperial moscovita las guerrillas latinoamericanas y que vendió a los gringos más de mil detenidos debido al fracaso apoyado por Kennedy, y recordando aquí la venganza de la conservadora John Birch Society, por la miserable suma de 53 millones de dólares. Como reza la película ¡Por un  puñado de dólares!.
          Mención aparte quizás hagamos del caso de Puerto Rico, que pertenece por trapisondas amañadas a los Estados Unidos, en calidad de asociación así votada por sus electores, con un rango especial dentro de aquel país norteño, mientras de vuelve a  proponer por enésima vez, en este juego gatuno, que entre a formar parte como Estado de la Unión americana, tal como se lo aplicaron a las islas de Haway. todo en su oportunidad. Según el refranero la ocasión la pintan calva, porque el tigre caza su presa. Pero dentro de lo que cabe los puertorriqueños le han  sabido sacar buen provecho a esta situación anómala, porque con el dinero que todo lo compra (Florida, Luisiana, Alaska, Panamá, etc.), hechos los locos y gozando un millón los isleños fuera de reconcomios se dan la gran vida al estar eximidos de impuestos y otros gravámenes que corroen la existencia, de donde los que viven en San Juan o en Ponce  y en Nueva Cork, etc., no están muy decididos a cambiar su status de Estado Libre Asociado, con las pingües ganancias que de ello obtienen, mientras el ron corre a gogó aliado a los recuerdos nostálgicos de Maelo, Lavoe, Feliciano, el independendista Daniel Santos y tantos “bonchones” de aquel país que hasta atentó contra la vida del Presidente Truman.
         Dejando atrás el rosario de islas juguetonas que pertenecen del todo o a medias tanto a Holanda, Francia, Inglaterra, como los mismos Estados Unidos, miremos igualmente atrás cual rémoras enquistadas dentro de la América Latina a territorios coloniales bajo la sumisión respectiva de diverso grado y de diferente nombre que son Guyana, Surinam y el territorio de la Guayana Francesa, Martinica, Guadalupe, la propia Trinidad y Tobago con la lejana Barbados, o el Belice guatemalteco, las islas de Curazao, Aruba y Bonaire frente a Venezuela, y fuera de otros desquicios que recuerda más de la mitad de la Guayana Esequiba, al occidente de este rio y hacia abajo en las sabanas de Rupununi, arrebatadas a Venezuela por el imperio británico buscador de oro, como se ha demostrado suficientemente, y las islas Malvinas con las Georgias  del Sur y las Sandwich, expoliadas a la Argentina desde 1833.
         En referencia con los otros países de la América del Sur podemos dividir el estudio consentido en dos grupos o sea el de Brasil y el portuñol (portugués mal hablado) en que también discuten, y el de los demás estados que se expresan en un castellano con acentos criollos, a veces medio andaluces, dulzones, pero ya más seriotes en la república argentina, que como se dice en tono de guasa es una mezcla de gallego con italiano napolitano. Con respecto a Brasil ya hemos señalado en este blog de anterior data, que pasó de un millón a ocho millones de kilómetros cuadrados, que ha tenido disputas con otros territorios vecinos pero que se perfila en este siglo como país puntero de buen desarrollo tecnológico, dueño de muchas perspectivas de grandeza que no podemos citar sino algunas  y por encima, como la ganadería, las diversificadas industrias, el deseo de ser, lo aeroespacial, lo atómico, los hidrocarburos, industria manufacturera, farmacéutica, siderúrgica, de transporte terrestre, naval,  agricultura, etc., y la mirada que tiene ahora puesta en África de un origen y el océano Pacífico.    
         El punto más peludo a comprender dentro de esta división tan especial es lo que se refiere a países que rezan y hasta se desentienden en español confuso por las mezclas linguales, las rabietas de quienes lo pronuncian y las expoliaciones territoriales que entre ellos se han hecho, lo que ha originado conflictos y hasta guerras de diversa índole.  Así por ejemplo, de virreinatos, gobernaciones, intendencias, capìtanías y otras menudencias que deja el imperio español, se entró en cierta disputa permanente, de lo que nace una conocida república de Colombia, que no es la actual, ideada por Bolívar y llevada a la realidad por el mismo general que dentro de lo artificial comprendía a Venezuela, Ecuador y la actual Colombia. Luego, cuando Bolívar sigue hacia el Sur y sale el general San Martín para no volver más, el caraqueño sigue con sus inventos sin prever las guerras futuras, y con el enorme virreinato del Perú, según afirman historiadores de parte y parte, por el norte lo recorta para agregarle a su amada Colombia desde Pasto hacia abajo, con Quito, Guayaquil y Guayas, lo que enfurece a los peruanos por lo de otros problemas norteños y el desprendimiento del Alto Perú, lo que empequeñece al Perú actual y lo hace sumamente hostil al caraqueño, según me lo comenta el historiador americano Aarón Truman, que tiene un  libro sobre este general.
         Los pleitos del Perú y Bolivia han sido sucesivos, sobretodo con Chile que en la guerra  afrentosa de 1879 vence y arrebata territorios al serrano Bolivia, quitándole la salida al mar, como al Perú. Las pequeñas guerras han seguido cambiando los límites, valga decir Colombia y Perú, Ecuador y Colombia, Perú y el Ecuador, Bolivia y Paraguay y así hasta el conflicto último de las Malvinas, de Argentina e Inglaterra, donde  por primera vez se dieron batallas de aire, tierra y mar, sofisticadas.
         Pero lo que llena de agua el vaso en América  Latina es con la aparición de un movimiento que algo parecido lo pretendió intentar el APRA de Haya de la Torre y de algunos como Lombardo Toledano y el joven Jorge Eliécer Gaitán, o sea de expandir las ideas, llamémoslas así sociales, en momentos de crisis en esta parte de América, como aconteció en Venezuela durante el lustro 2005-20010, pero que hoy recula por diversas circunstancias, dando paso a movimientos sociales menos agresivos y más progresistas del desarrollo como los llevados a cabo en Brasil, el recuperado Perú neoliberal que está en proceso de cambio y otros más o menos dinámicos, por ejemplo los social demócratas de Uruguay, el del exobispo Lugo en Paraguay, el de la presidente Cristina Kirchner, aún vinculada al chavismo de Venezuela y el lastre sindical peronista que amarra encadenando al atraso permanente el avance de su país, y el moderno empuje de gobierno que preside el presidente Piñera  en Chile, heredero de Pinochet, un  multimillonario exitoso convertido en político  de derecha, sin que hasta ahora se haya excedido en el mando y sus ejecuciones.
         Resta por aclarar dos puntos en esta división tan personal latinoamericana, cual es la presencia interna, dinámica y extrafronteras del presidente venezolano Chávez, tan vinculado a la Cuba de los hermanos Castro en acciones e ideología política, que es de todos conocido, quien goza de gran apoyo con los presidentes Morales, de Bolivia, Ortega de Nicaragua, desde luego de Cuba (que ahora tercia hacia un capitalismo estilo China) y todavía del Ecuador, sobre una base halagüeña de préstamos sin cancelar y obsequios mil millonarios que ha hecho a estos países, y a otros como Argentina y Uruguay, para ganar adeptos y votos internacionales. Frente a este cuarteto empobrecido de naciones que no salen del populismo y la ignorancia, ahora aparecen otros países de gran impulso, sobretodo en la cuenca del Pacífico, que son Chile y su largo cuanto extendido territorio, el rico Perú, que vuelve en sus cabales luego de los desastres populistas pasados, la emergente Colombia que asombra por su desarrollo en la última década y que va en vías de acabar con una guerrilla sanguinaria de cincuenta años, y el norteño país de México, otrora virreinato, con sus potencialidades que le recuerdan cuando era paso obligado de España hacia Filipinas, ese mismo océano Pacífico que hoy estas cuatro potencias unidas por acuerdos sustanciales y en pleno desarrollo piensan conquistar a base de tecnología, de competencia y de ampliación de diversos mercados, que por lógica razón deben interactuar en este siglo de rápido pero inteligente crecimiento. Hasta pronto.

viernes, 20 de mayo de 2011

EL MUNDO ARÁBIGO Y EL MAPA DEL ISLAM

         Hay dos palabras que gozan de un doble sentido y que con ellas se juega a discreción en el campo de la política. Quizás en un intento literal morfológico nacieron por detrás de los escenarios naturales, y por ello han servido para tapar huecos y hasta para ensalzar a embaucadores de oficio. Me refiero con ello a las expresiones manoseadas de “democracia” y “revolución”, nido de angustias demagógicas que se escriben de diferente forma llenando un cometido desorientador y mentiroso.
         Por ello en la actualidad cualquier dictadura o satrapía exhibe como escudo defensor de sus falsedades la palabra democracia, y peor aún, tantos desquiciados con alguna suerte elemental se tildan de revolucionarios, exponiendo esquemas y proyectos  absurdos que ni ellos mismos los creen y menos entienden. Con esta introducción subliminal quiero referirme a dos caras de una moneda multiforme que como reguero de pólvora corre por los campos de la actualidad y de la interrogación.
         Todo comenzó sin deslindar creencias en pueblos atrasados, trashumantes, sometidos a la vida primitiva de los desiertos, donde cierto día un iluminado profeta aparece, como lo fueron Abraham o Moisés a su manera, y hasta Cristo, quien por inspiración divina decide crear un  mundo monocrático y religioso radical, y tras esa idea santa Mahoma con los suyos se lanza a la conquista de la sexta centuria de nuestro calendario, y bajo las banderas del Islam y de la media luna  en correría inaudita a la sombra del inmarcesible Alá y de su profeta Mahoma, en pocos siglos de campaña continua sus seguidores se han hecho dueños de buena parte de Asia, del Extremo Oriente, de África, y llegaron al centro de Europa donde fueron combatidos, pero que aún como cabezas de lanza sus ideas permanecen incólumes y captadoras de prosélitos en el mundo balcánico, aunque con la arremetida de los nuevos oleajes más de cinco millones de musulmanes se han establecido en Europa, con su religión y sus viejas costumbres, de donde de manera insólita ya existen ciudades enteras árabes y musulmanas en dicho continente, con mezquitas que se elevan por doquier, lo que en poco tiempo y hasta con la comida, el vestido y lo que han importado de sus tierras lejanas, pronto, como pasa con los hispanos en los Estados Unidos, los islamistas ocuparán silenciosa y de una manera inteligente pero definitiva, altos sitiales en ese continente europeo, para cambiar con sorpresa nada extraña el ser, el hacer y el deshacer de aquellos cultos países invadidos.
         En la actualidad el mundo del Islam, que profesa la religión islámica, es por demás amplio, desde las alejadas islas indonesas hasta grandes comunidades en China, India, la antigua Ceilán, Paquistán, Irán, muchos países del Medio y Extremo Oriente, el entorno centroasiático y turcomano, buena parte de los confines africanos, desde mediterráneos hasta subsaharianos, y grupos comunitarios dispersos con colonias extensas dentro de Rusia, los propios Estados Unidos, Latinoamérica, donde en Venezuela se cuenta la numerosa colonia árabe, y otras afines, debiendo asegurar que el mahometanismo es el credo espiritual que más crece en el mundo.  Pero sobre esta por demás base elemental hay que tomar en cuenta la división en  dos porciones principales de aquella idea primigenia  o fe del Islam de que “Dios es Dios y Mahoma su profeta”, sostenidas en pugna por las cuantificadas corrientes sunita y la chiita, fuera de otras desviaciones interpretativas del Corán o biblia de aquellos creyentes, con dos orígenes de poder a partir del fundador Mahoma, lo que provoca batallas incesantes entre sus partidarios de diversos confines de la tierra.
         El Islam nace en los desiertos arábigos como una doctrina dura, nada contemplativa sino exacta, aferrada a los textos antiguos, del tiempo de Mahoma, y en general aquella forma de ser y de vivir inflexible se mantiene hasta la actualidad, sin que la rueda del tiempo los afecte. Lugares sagrados como La Caaba en Meca, Medina, la parte musulmana de Jerusalén y muchos enclaves de Arabia, son intocables en este sentido, y lo contrario acarrea penas equivalentes a las impuestas por la Inquisición, en nuestro medio occidental. El Islam, que abarca todo el mundo de que hablamos, tiene una expresión mayor y religiosa, fundamentalista, dentro de los países arábigos, que se extienden también por otros territorios de las mismas costumbres religiosas pero no de raza árabe. Y así vemos que toda la cuenca Sur del mar Mediterráneo y bien adentro de África, inmensas extensiones sureñas rusas y todas las vecindades de Arabia Feliz gozan de este contexto ideológico, donde morir por el Islam es un placer porque se va directamente al Paraíso, aunque se suiciden con explosivos, que es el cielo y más gozoso que el de los cristianos, según anotan las madrasas. La fe para ellos es intocable y su contravención todavía incluye a rajatabla el cortar manos, o el ahorcamiento y la decapitación en público, y más torturas, como también la ley del talión “ojo por ojo”, y otras minucias que nos retroceden a mil años atrás. Las cabezas de todo este imperio cerrado e inviolable del sacrosanto Corán han estado o están en lugares dispares como Bagdad, Damasco, otrora en Córdoba, Estambul, El Cairo desde luego porque es la cuna de la sabiduría de esta religión y que se adapta en cierta forma aunque de paso lento a las nuevas costumbres imposibles de evitar como es la fotografía (está prohibido un grabado de Mahoma si no es original de antaño), o la vestimenta moderna que ya muchos utilizan, pero lo que más ha conmovido aquel diverso imperio religioso que en su tiempo salvó a la cultura occidental de su desaparición por las hordas bárbaras, donde la mujer nada cuenta sino para parir o jugar, fue la aparición del petróleo, “estiércol del demonio”, que de la noche a la mañana transforma a muchos países de humildes pescadores o arrieros de ovejas y de cabras que cinco veces al día oran postrados en el suelo y dirigido el cuerpo hacia La Meca, en más pobres por un  lado y archimillonarios por otro, que hoy giran envueltos en la riqueza miliunnochesca insaciable de no tener fin en contornos como Dubai, Qatar, Kuwait, Saudíarabia, etc., lo que desde luego por encima de todo ha desembocado en pasiones humanas que nadie puede detener.
         Por estas secuelas y por mucho tiempo los gobiernos que manejan aquellas comunidades tan disímiles y extrañas para el mundo occidental, que aún no llegan a entender y menos digerir, como me lo explicara el profesor Richard N. Frye, en Damasco, es que pasa lo que todos conocemos, desde luego bajo el embrujo imperial americano que en el siglo XX, después de la Primera Guerra Mundial y en lo que va del XXI, tras bambalinas manejan diversas fuentes energéticas y capitales de valer, de donde como acaeció en América Latina también por aquellos parajes que describo se cuecen habas y la opinión de Washington era tener sumisos dichos regímenes fuertes, para la complacencia de todos.
         Hay algo que no se debe olvidar porque la verdadera revolución que mueve aquellos países, y muchos otros del orbe, es la presencia inusitada de los medios interactuantes, porque en obra de pocas décadas desde cuando pequeños radios transmisores de noticias saltan al aire y pueden entenderlos hasta los analfabetas montados en camellos, por encima de esos benditos medios que en avalancha hoy se presentan, no pueden ser controlados todos mediante ningún aparato del Estado represor, aunque se ordenen razzias mortíferas que produzcan terror, ya que contra la voluntad de los pueblos, aunque aquellos dispongan con instrumentos sofisticados de búsqueda e  interferencia, no pueden contener la marejada humana que se provoca, más temprano que tarde. De Mossadej, del Sha persa,  a pesar de lo moderno que era, de Sadam Hussein, el que vomita gas del bueno contra los pueblos kurdos, genocidio que le lleva a la horca, lo que está pasando con el sirio clan Assad, el  jurásico clan Gadafi, cuyo país ni siquiera existe, de acuerdo con leyes absurdas que un loco ha inventado, y los tiranuelos envejecidos en el trono como los de Egipto, Túnez, Yemen, Argelia, Marruecos, desde luego que las barbaridades cometidas en Irán, y otros no menos exóticos asesinos y cobardes, con la gran “primavera” de libertades que se ha desatado en aquellos contornos medievales, todavía en muchos aspectos,  nada podrá detener tal avalancha, aunque se circunden de autopistas, grandes edificios y otras riquezas de paso, como las sombras.
         Para concluir debo afirmar que fuera del poder americano que se mantiene en primer plano y a pesar de que ladren los perros ante la caravana, muchos de aquellos sátrapas deben estar poniendo las barbas del califa en remojo, porque esa magia de la difusión en masa los está destruyendo, pues para nadie es desconocido que la radio, la televisión, el cable, la comunicación satelital, el internet, el tuiter, laptop, email, los celulares y cualquier parafernalia de los blackberry, como toda la gama de ciencia y cultura que se transmite por esos medios revolucionarios, ni con el engaño de mil ayatolas, ni con mil gadafis, asades, leyes arbitrarias, represión, presidios, torturas y otras barbaridades sofisticadas y tantos artificios de la misma cuerda, o como por aquí se dice, entre caimanes del mismo caño, podrá siquiera retener el avance de los conocimientos que, en mi opinión, hará libres aquellos pueblos oprimidos de la forma más inhumana, y para que Alá, como Cristo y tantos otros puedan reinar tranquilamente, en su justa dimensión y fuera de la política oportunista que los retienen, para la convivencia y el amor entre los seres humanos de aquellos dominios del planeta. La tecnología de la comunicación, pues, y no los americanos, ha sido la que vence en la guerra terrorista planteada. Y en esto casos, para siempre.
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martes, 17 de mayo de 2011

DESPIERTA EL IMPERIO DE BRASIL.

Amigos invisibles: Como siempre mucha gente ignora que Brasil ha sido durante bastante tiempo un imperio conquistador, de hecho y de derecho, aunque esa ignorancia puede ser motivada a prejuicios políticos, es necesario afirmar ahora que el extenso país vecino de Venezuela por el Sur gozó de estos privilegios monárquicos tanto en tiempos coloniales de su dependencia de Portugal, cuando tuvo tres monarcas constitucionales que fueron Juan VI de Portugal, al huir de su tierra peninsular hacia esos feudos eróticos por causa de la invasión napoleónica, y después su hijo y su nieto se montan en el trono del Imperio del  Brasil bajo los nombres de Pedro Iº y Pedro IIº, todos de la real casa de Braganza.
Los portugueses, antiguos propietarios  de aquel extenso territorio, que de un  millón de kilómetros cuadrados según el tratado de Tordesillas  hoy alcanza ocho veces esa cabida en detrimento de vecinos, repito, los portugueses de familia marina cuando las velas de los buques se ampliaron en el siglo XV para evitar la navegación de cabotaje y pasar a la de altura, se dieron a la tarea de conquistar por el mundo vastos territorios, a sangre, fuego y esclavitud, siendo así los primeros dueños del mar, y con un  férreo poder sostuvieron el mundo colonial en África y América y en Asia por muchos siglos,  hasta el año dos mil, cuando bajo mandato internacional descolonizante termina su dominación, la primera y la última del orbe, en este sentido geográfico, primero con  la indonesa isla Timor, y luego con Macao, ubicado en China y gran centro mundial de manejar el oro.
Con este currículo,  para así llamarlo, el pequeño Brasil y el imperio que lo apoya se introduce lentamente en América del Sur, siendo hoy  dueño de gran parte de esa América inicialmente española, y de sus riquezas al extender corriendo linderos sin  miramientos, país donde “no brasil deus non dorme”, o que Dios es brasileño, como ellos se vanaglorian decir y cada día ganan más a su favor, a base de una política diplomática expansiva que parte del barón de Río Branco y la astuta trampa jaula que llaman de Ytamaraty. Por ello Bolívar no los quería, porque además de apoyar a sus enemigos como la Santa Alianza, en la geofagia acostumbrada se había apoderado en un tiempo de la provincia boliviana de Chiquitos, de buena parte de lo que es hoy Uruguay amenazando también a la Argentina, y en cuanto a lo que corresponde a Venezuela los linderos los corrieron presurosos desde el imponente Amazonas hasta las sierras hoy limítrofes de Guayana, por lo que Venezuela perdió el territorio del río Branco, donde moraban diversas misiones capuchinas dependientes de la casa central del Caroní.
Pero aún hay más tela que cortar, porque a la chita callando el desarrollo de ese país es indetenible y en la actualidad exhiben un potencia tan grande que ya están situados entre los diez países más poderosos de la tierra y entre los cuatro primeros emergentes como para tener vara alta en cuanto a decisiones a tomar en el  ámbito mundial. Los brasileros fueron a la guerra de Corea, estuvieron en el desembarco de Sicilia e Italia, han colaborado con personal en misiones de paz, como en Haití, y su industria es de tal amplitud en el campo tecnológico que con la empresa Embraer están a la altura de la producción de naves muy competidoras en el campo de la aviación. La capital Sao Paulo y su bolsa dinámica hoy puede compararse con Nueva York, y el crecimiento del último decenio es espectacular, al extremo que ha descendido por millones la pobreza sobretodo del mulato nordeste imperial, y ha aumentado por millones lo producido de la industria total y la agropecuaria, habiendo dado paso a la utilización del etanol para el consumo en vehículos de motor, aunque últimamente se ha descubierto inmensos depósitos de petróleo en las fronteras marítimas sureñas del país. A ello hay que agregar una suerte de satelización de pequeños países fronterizos, como el Paraguay. con la electricidad, el Bolivia gasífero [a este país en la viveza bandeirante le cambiaron el territorio de Acre por la simple hechura de un ferrocarril] y el Uruguay pecuario, conglomerados que viven por mucho a expensas de los negocios que sostienen con Brasil.
 Tierras de turismo, de samba, de  Río y Niemayer. En lo que concierne específicamente a Venezuela las relaciones fueron distantes desde tiempos de la Independencia, hasta cuando se interesan por este país a razón de su importante producción de petróleo y desde luego su cercanía a los mercados brasileros, y porque la extensa y nutrida selva amazónica impedía el desarrollo del intercambio comercial. Pero desde el primer gobierno del doctor Rafal Caldera, allá por los años ochenta del siglo XX,  el imperio brasilero despierta y se da cuenta de la importancia que representa Venezuela, o sea su frontera norte, al poder desarrollar de nuevo el puerto de Manaos, que lo declaran libre, y a la nueva ciudad de Boa Vista, cerca de la frontera venezolana, porque el imperio necesita salir hacia los mares. Al construir Venezuela una magnífica carretera por la Gran Sabana hasta la frontera del Sur, Brasilia ya mueve sus tentáculos para obtener el paso de su industria desde la desarrollada Manaos hasta Puerto Lacruz, con lo que en el triunfo manso de la diplomacia Brasil abre la puerta al importante Mar Caribe y se acerca al mercado americano y al europeo, con el consabido triunfo de su diplomacia de fútbol, dando en compensación a este gol perfecto,  el préstamo que hace para construir el segundo puente sobre el río Orinoco, y hasta uno tercero, que es de carácter estratégico, al tiempo de atender en el negocio del metro de Caracas, a través de la compañía brasilera Oderbrecht, fuera de otros contratos concertados y lentamente ejecutados.
             Con ese triunfo entre las manos, y por si acaso pudiera cambiar la política en Venezuela, previendo posiciones del futuro Brasil dispensa concesiones especiales a la atrasada república federativa de Guyana, con lo que coarta y enreda los reclamos territoriales venezolanos en aquel territorio usurpador de origen inglés, pero que en la soberanía le asegura la construcción de una gran carretera por el Rupununi, que une también a Manaos con el Caribe y el Atlántico, en otro paso de su viveza persuasiva. Y así, como este siglo mira en los negocios hacia la cuenca del Pacífico, ya Brasil ha convencido a Bolivia, al Perú y al Ecuador para que sendas autopistas o algo parecido atraviesen desde la tierra imperial aquellos países montañosos para desembocar en el océano Pacífico, consolidando así sus pretensiones y su dominación. Esto a grandes rasgos es lo que acontece en el país cuya bandera tiene pintado y se precia de tener el globo terráqueo entre sus manos, como un signo premonitorio, y donde se ufanan de decir que allí “no Brasil deus non dorme”. Veremos las consecuencias futuras de estos  gestos políticos para Venezuela.

domingo, 15 de mayo de 2011

¿QUE ES VENEZUELA?.

Amigos invisibles: Si a ver vamos eso de definir un país no viene a ser nada fácil, porque es tanto de lo que se puede hablar, o contar, que hasta se nos enreda el papagayo. Sin embargo dentro de una concepción simplista y para gente foránea e interesada en conocer el país tan extraño y sorprendente, debemos decir que está situado estratégicamente  en un sitio donde el turismo puede ser providencial  y a convertirse en una de las primeras fuentes de ingresos, donde el petróleo y sus derivados en la química y la plástica, por ejemplo, nos hacen potencialmente grandes. Pero lo que muchos desconocen es que el país se ha ido irradiando hacia el extranjero de una manera que no se puede detener.
         Sea dicho, Venezuela abarca hoy un serie de aspectos tan importantes que con aquello de que no hay nada bueno que no albergue algo malo, y viceversa, en vuelta de poco tiempo y “sin querer queriendo”, como afirma un personaje mexicano, poniéndose las botas de la mayoría de edad ha hecho su entrada al mundo de los negocios y la interconexión  por la puerta grande, y de ser  un territorio casi desconocido en Mongolia, o en Chad, las Maldivas o Bali, por el hecho indetenible de la propaganda de primera plana y los medios diversificados que explotan el tema, hoy es tomada en cuenta, en cualquier parte del orbe. Dicho detalle de por sí guarda una enorme importancia.
         Ahora bien, pasemos a otro aspecto poco conocido, para señalar  que este país ya no es solo  el que está al sur del mar Caribe, sino el que sostiene a numerosos grupos de emigrantes y por diversas causas, en colonias de paisanos integrados en extensas áreas del trabajo y la cultura ya sea en Florida, Nueva York, Canadá. California, España, Portugal, Italia, Perú, Ecuador, Santo Domingo y la numerosa representación que hace vida útil en Colombia.
         Dentro del desarrollo interno con el enorme complejo siderúrgico ferroso de Guayana se produce o producía no solo electricidad para cubrir el gran consumo del país, vendiéndole incluso  a Colombia y a Brasil, sino aluminio, cabilla, acero, perfiles, suficientes plantas de cemento, etc., siendo Valencia una ciudad industrial diversificada por excelencia. Las instalaciones de hidrocarburos permiten o permitían producir gas y hasta tres millones de barriles de petróleo diarios, con tecnología de punta como fue la orimulsión, invento venezolano, o la extracción bajo el agua que se hizo por primera vez en el mundo, con éxito comercial en el extenso lago de Maracaibo, y con inmensas refinerías como Judibana y Cardón, el complejo de Jose y varias más por el estilo, las diversas plantas  petroquímicas, o por ejemplo la cadena de hidrocarburos Citgo en los Estados Unidos y otras refinerías propias en el extranjero y  grandes proyectos gasíferos como el Cristóbal Colón. En materia de comunicaciones Venezuela está cruzada de autopistas, aunque adolecen en su mantenimiento, puertos y aeropuertos diversos, empresas de diversa factura aunque algunas de ellas por la política de nacionalización andan en manos del Estado, y hubo además un dictador eficaz, pero dictador y militar que en aquel tiempo no cuidaba los derechos humanos, como ahora obligan las leyes internacionales, que cumplió en su década de gobierno opresor dándose el lujo de abrir las puertas a la inmigración europea de españoles, italianos, yugoslavos,  portugueses, y americanos, de Colombia, Uruguay, Argentina, Chile, Cuba, dominicanos, y últimamente dentro del magnetismo atractivo existen colonias de peruanos, ecuatorianos, bolivianos y asiáticos, preferentemente chinos, que junto con el  mestizaje  de siempre y la nueva mezcla racial conforman una diferente raza de venezolanos que han  dado como caso sin competencia seis miss universo y cuatro miss mundos, que luego  llena de técnicos el país, y de allí en corto tiempo el mismo Pérez de que hablo hizo una nueva Caracas  con grandes avenidas, desarrolló  la agricultura y la pesca de altura como el atún, con una política de silos y dando créditos blandos por lo que el arroz, maíz, azúcar, sal, caraotas (fríjoles negros), la ganadería con más de diez millones de cabezas de ganado y en fin, a Pérez Jiménez a pesar del saldo negativo todavía se le recuerda con algún aprecio y reconocimiento.
         Sería largo hablar de Venezuela, o El Dorado, que muchos la comparan con el ave fénix por su capacidad de reconstrucción y producción, tanto por el inmenso apego que le tiene a esta tierra sus connacionales, en épocas de vacas gordas y de las otras, como piensan en la adversidad por lo fallidos planes de la nación, donde su hijos se sobreponen a las inclemencias y luchan hacia un mundo mejor, con los grandes proyectos en la lista de espera, como serían las cuarta y quinta plantas hidroeléctricas sobre el Caroní, los nuevos puentes sobre el río padre Orinoco y el lago de Maracaibo, la construcción de viviendas populares, cuyo déficit hoy alcanza al millón y medio de unidades, el diseño y elevación de nuevas ciudades, etc.
         Si bien la migración de capitales privados, como el grupo empresarial Cisneros y el de Alimentos Polar, el traslado de fábricas, de tecnócratas y de profesionales valga decir ingenieros y médicos, que ahora gozan de renombre en el extranjero, tal el caso de Colombia y España, el interés de invertir en Venezuela se mantiene latente, en espera de oportunidades a venir, porque este país, como es de todos conocido, por lo abierto de sus gentes, por el buen clima que lo entorna al extremo que siempre hay sol, mar, montañas, nieve, islas paradisíacas,  selva, etc., y las oportunidades y facilidad de vida que abundan, con tazón se halla en la lista de los más solicitados. Pero dado que a su vez es un país  respetuoso de la democracia, que ahora no es neoliberal sino socialista, como se oye decir, con ese supuesto sistema político en ejercicio se piensa todo nacionalizar mediante un proyecto centralista absoluto, y con lo expuesto a grandes rasgos pare usted de contar lo que sucede.  Sin embargo a pesar de los grandes esfuerzos de llevarlo a cabo ha sido imposible este cambio absurdo, dadas las circunstancias específicas del país y porque los gobiernos izquierdistas demagógicos, que tuvieron su momento atrasado por estos lares provechosos, hoy van de capa caída como lo manifiestan estadísticas actuantes y las elecciones recientes en muchos países de América Latina, que hasta ayer se declaraban seguidores de esos principios programáticos, aunque no los fueran, El tiempo lo dirá y los votos conscientes, a pesar del inmenso ventajismo electoral que se pudiera llevar, eso a la larga ni encendiendo cañones se puede detener. Con estos días convulsos internacionales, que los estamos viviendo, para la muestra vaya el botón: Egipto, Túnez, Yemen, Siria, Libia, Palestina, Marruecos, Costa de Marfil,  el efecto Bin Laden y paremos de contar. Ya aparecerán otros en la engrosada lista.
         Para culminar esta interpretación actual, muy ajustada, pasemos al lado de la oposición racional solicitando ciertas respuestas a un problema pendiente: ¿Dónde está el más de un  billón de dólares, o sea mil miles de millones, cifra astronómica que el aparato nacional “saudita” ha consumido en la gestión de doce años de poder, que no de gobierno, en el país que goza de las reservas petrolíferas más grandes del mundo?. Y para completar esta afirmación viene otra bomba que no es atómica pero casi. ¿Con qué moneda no devaluada se va a cancelar la ingente suma de dinero que el Estado debe al extranjero con el manejo de su política económica, en el curso de estos doce años?. Hay ejemplos de que sí se puede, pero eso incentiva a usted a grandes rasgos el conocimiento y la magnitud de lo que es Venezuela.

viernes, 13 de mayo de 2011

LA MAGIA DUDOSA DE SIMÓN RODRÍGUEZ.

Amigos invisibles: Como siempre me ha gustado esculcar sobre la revolución de las ideas, porque allí se encuentra material fino y suficiente con qué tejer conceptos que nos pueden ser útiles, miren que en el diario deambular del pensamiento desde hace muchos años me he encontrado con un personaje venezolano de los llamados fuera de serie, que para mí todavía constituye el enigma indescifrable, aunque gracias a la bondad de un amigo de veras, es decir del americano Aarón Truman, tan versado en temas regionales, he podido introducirme en sus saberes para tratar en cierta forma de desvelar a tan contradictorio personaje que, sin quitarle sus cualidades excéntricas que siempre lo hicieron ver como una “rara avis”, por eso de no entender sobre su ciencia infusa y menos de sus cualidades de enredar las cosas, y porque fue “maestro” de Simón Bolívar, por aquello de la sicóloga ley del menor esfuerzo y para más complicar la patraña tejida, ciertos contestatarios lo elevaron a la calidad de mito y como uno de los grandes sabios de América. ¡Esto es sorprendente!.
Como voy a permanecer en suelo blando sobre su origen convulso, de donde proviene por lo genes heredados y lo complejo de su infancia para hacerlo un ser rebelde, que no docto a mi humilde entender, amanece en Caracas como hijo expósito aunque  la gente conociera que el divino padre era un sacerdote de apellido Carreño, y eso desde pequeño le cambió la mente para llenarlo de rechazos contradiciendo todo, pero como era despierto y salido de aquella orfandad misteriosa, para poder sobrevivir hacía humildes oficios de maestro de escuela, donde atendió cánones muy personales de la chifladura ancestral que lo representaba como extraño en el medio, para aplacar entonces a un desaplicado e irredento joven que no tenía cura por lo terrible, de donde alguien aconsejó reunirlo con aquel “sabio”, y mire que dentro de los experimentos terribles de la vida ambos congeniaron en la mutua empatía, y así Simón Rodríguez pasó a ser ”maestro de Simón Bolívar”, convirtiéndose a la larga en otro mito viviente, por lo que pudo penetrar a trochemoche en las páginas novelescas de la Historia, porque de otra manera su historia se hubiera escrito, acaso, con “h” minúscula.
Lo primero que le introduce este pastor en la mente a Bolívar, fue no creer en dogmas ni en el medio imperante, en olvidar el cariño a la familia, que ya se lo tenía olvidado hacia él, que la vida era contemplativa y había que convivir de esa manera pero rebelde, sujeta a cambios, como aparecía en los pasquines circulantes sobre la revolución francesa, y que aprendiera apenas de los ejemplos de la naturaleza, vale un pájaro o un cocodrilo, para estar atento a los cambios, aunque ellos fuesen lentos. Pero ese amor del ventrudo y cegato Rodríguez, que en el desconcierto de un hondo dolor originario muda el nombre por Samuel Robinson, pronto va a tener un paréntesis vital, porque entonces el masón de Robinson deja atrás al tocayo Simón, a la esposa por siempre, y para no terminar preso por contrario a la ley se esfuma en un barco que lo lleva a Jamaica, Filadelfia, y más loco que nunca, acaso porque el hambre aprieta, empieza a conocer oficios dispares y entre ellos el de tipógrafo para subsistir, mientras aprende lenguas muertas y vivas, y un buen día se desaparece del mapa, como acostumbró hacerlo a lo largo de su cotidianeidad confusa.
Luego de 1804 anduvo por Alemania, Holanda sumergida, Austria, Prusia, centroeuropa y la zarista Rusia, ejerciendo los viles oficios y hasta enseñando párvulos de ocasión, en medio de la  mayor miseria, desaliñado como siempre y con algunas amistades desconocidas, acaso de bajos fondos pero no maleantes, porque su bolsillo no daba para más. En aquel trajín de los caminos europeos, muchas veces pedestre y porque Francia con su revolución guillotinesca era caldo de cultivo para gentes de mente exaltada, pues  Robinson fue para allá, en 1801,  a patear las calles de París que aún sonaban a sangre, y miren que un bien día de 1804 andando por las cercanías del río Sena, que era lo más posible, se encontró con Simón Bolívar y aquello fue digno de una obra teatral, aunque como las de Beckett, por el mutismo de su ejecución, y de allí ambas mentes afiebradas se dieron  a soñar complejidades ya salpicadas por el eje napoleónico en boga.
De aquí en adelante la pequeña historia robinsoniana se vuelve una novela que los panegiristas han tratado  adecuar a  sus intereses propios, mediante signos y señales con visos de realidad, como es el viaje de ambos próceres de lo inaudito atravesando los Alpes en plan roussoniano para ver de lejos a Napoleón en Milán, y de allí hasta Nápoles del Vesubio, mientras se monta con seriedad de show pero en la fantasía de Rodríguez, todo el episodio teatral acaso romano del juramento en el Monte Sacro. Vueltos así en esta caminata que es pura poesía, con visos de revolucionaria, pero que no miramos en ese contexto, el abrazo final de París habría de separar por veinte años la sombra de Bolívar y el rudo bastón de su tocayo Simón Rodríguez.
Pero he aquí que el hambre y las condiciones difíciles de vida en aquellos albergues o posadas friolentas y hasta heladas debieron cambiar el seso a este Don Quijote ansioso de enderezar entuertos, porque dentro de ese abismo de su oscuridad más bien pensante un buen día arrimó a la Colombia bolivariana de una república sin sentido y de papel, pasadas las batallas formativas pero llena de caudillos que no le entienden, por lo que agarra su equipaje o mochila en busca del pupilo Bolívar, para que en el amparo lo acoja dentro de un  Perú lleno de traidores y de tropas de ocupación. Esto es la verdad sin tapujos, y allí el maduro Simón sigue en la caravana para establecerse en Bolivia, y en Cochabamba mantiene grandes pleitos “con cuantos se le enfrentan, llamándolos ignorantes y brutos”, donde además comete muchas pilatunas y disputas con iglesias, sacerdotes, frailes rezanderos a quienes aborrece, diciendo que va a destruir la religión de Jesucristo, autoridades, como a Sucre detesta, y pare de decir que va con esos cuentos ante Andrés Bello en su reposo de Chile, para regresar cansado al Ecuador y el Perú, al fin del periplo vital, donde vivirá sus últimos días rodeado de penurias y de sobresaltos.
La tercera parte de este escrito se refiere a lo más trágico de su personalidad, ya senil y acaso esquizofrénica, donde sobran los comentarios negativos de muchas personas que lo conocieron y hasta trataron, que por motivos de extensión acortaré para el examen del lector, que debe sacar desde luego propias conclusiones. Dicen que fue desorbitado, de dudas metódicas, excéntrico, rabioso, quimérico, áspero, vulgar, misógino, lleno de utopías (principalmente en el ramo de la enseñanza), que prepara a Bolívar “para enredarlo todo”, de ojos burlones, gitano por demás, fabulador e intolerante, sicopático, famoso charlatán, de risita sarcástica,  irónico, “alocado hedonista y vagabundo de profesión”, desgreñado,  hediondo a tabaco de fumar, con un poncho sudoroso y los zapatos claveteados, ateo, despedido de todas partes, quien escribe al general Morán “estoy como las putas en cuaresma: con capital y sin réditos”. Y quien recita entonces a un amigo, a medias: “Haced el favor de devolverme mi mujer porque la necesito para los mismos menesteres a que vos la tenéis destinada”. Y hasta el cuerdo montaraz en el colmo de lo irreal sirve en “orinales” una comida al mariscal Sucre y sus acompañantes. Además, con ánimos de desasnar conciencias, se pasea desnudo ante sus alumnos asustados.
Rodríguez no devuelve cuentas pendientes, fabrica aguardiente casero a objeto de evadir impuestos, produce hediondas velas de sebo para buscar personas idóneas, sirve de miserable pulpero, tañe el violín rústico en momentos depresivos e instruye indios analfabetas con intenciones nada académicas. Dentro de su vida privada, para completar el recuento de lo que se calla para exaltar al mito a este “sabio” de marras, designa  hijas bastardas con nombres estrafalarios de Remolacha, Maíz y Tulipán. En Ibarra del Ecuador con la india Teresona había tenido a tres hijos ilegítimos,  o asea a Choclo (mazorca), Zapallo (calabaza) y Zanahoria, En Chile vivía con la pizpireta Lirio del Sena, a quien enseña “las más grandes escabrosidades del castellano”. Esto he podido averiguar por las plumas aireadas  de escritores como Pedro Cadena Copete, Guillermo Morón, Rufino Blanco Bombona, Ibsen Martínez, Paúl Marcoy, José Trinidad Morán y Eduardo Arroya Vélez, entre otros papeles resaltantes que guardo sobre el particular.
Pero en la exaltación a los altares de la fábula no se dice que dejó muy poco escrito, y algo en alabanza de Bolívar. Que su desplante y excentricidades llegan al paroxismo mental cuando dice con sentido crítico, pero no figurado y más burlón “O inventamos o erramos”, o con la frase enigmática, hueca, descontextualizada “más vale errar que dormir”, que nos deja en el limbo, y que “solo la barriga llena enaltece el espíritu”. Supongo que a los ochenta años caducos, cuando fallece en el pueblo olvidado de Amotape, murió dos veces, porque murió asustado de sí mismo.   

miércoles, 11 de mayo de 2011

EL NUEVO IMPERIO RUSO

Los rusos desde tiempos del corajudo Pedro el Grande han dado mucho de qué hablar, por la situación estratégica que tienen en el medio geográfico ocupado entre Asia y Europa, como por su ansia de conquista y de celebridad. País duro, plural en materia de naciones y pueblos dispares, se habla de él algo así como de un  mundo de leyendas cuando nos  referimos al finisterre ignoto de Siberia, de allá, en Vladivostock, de un  tren que dura ocho días en recorrer la distancia entre Moscú y esa lontananza situada a miles de kilómetros en el Pacífico grande, por el norte del Japón, de  todo lo agreste rodeado de hielo sempiterno hacia el Mursmank ártico y lo submarino atómico que allí reside, de la Karelia finlandesa, otrora tierra de renos y de pleitos prohibidos, de los impasses permanentes con Polonia, por definir una frontera caliente, del mundo eslavo que no es ruso sino casi, como el caso del camarada Tito y la hechura de un país, la inmensa cuenca petrolera extensible del Cáucaso, tan deseada por los nazistas de la Segunda Guerra Mundial, los esturiones viajeros del mar Caspio atrapados en jugoso caviar, las sorprendentes plataformas interplanetarias de Cazasján, de la perrita Laika y Gagarin, la belleza nívea norteña de la cordillera Himalaya, con tantos sustos de poder que emanan de una y otra parte, repartidos entre pueblos islámicos, tártaros, mongoles y chinos, y ese limpio corazón que invade de aguas históricas y canta como el Danubio centroeuropeo las canciones del Volga o el Don, para acercarnos,  por fin, a las dos ciudades que juegan al poker de la fortuna en aquel enorme país de los contrastes y las estepas donde correteara Miguel Strogoff, o sea de la por demás culta y espléndida San Petersburgo, que la riega el fabuloso río Neva, y Moscú y su ensalzado río Moscova, que baña los pies del propio Kremlin, fortaleza militar y cabeza de Estado, que ha hecho temblar por siempre a la Santa Rusia, como también se le llama. No es que hayamos olvidado a Vladimir, un Vaticano de atalayas eclesiales que nuevamente representa otra cabeza pensante del imperio hacia el noreste de Moscú, donde se alojan con fe y grandeza temporal las tropas cristianas ortodoxas,  las que hicieron cambiar la cruz redentora para poner  debajo de ella la luna rendida del Islam, por ahora, en un permanente encuentro que no tiene fin.
         En este exordio necesario y largo para buenos entendedores con dos Urales diferentes y aquel mundo colonial atrapado, lleno de lenguas, trovas y costumbres y sujeto en una suerte de modus vivendi paternal, pero con la espada caminante del terror, como el caso vigente de Chechenia, es que surge de nuevo la Rusia de nuestros días, con el mismo hábito avasallador de siempre y luego de la retirada estratégica que realiza con la destrucción sin dolientes de la Unión Soviética, un esperpento político que con una mafia de aventureros y desorientados en el camuflaje de un típico traje estilo militar, manejó sin rubor los hilos del poder durante 75 años del siglo XX. Allá se tejieron los más negros episodios de la crueldad y el despotismo, que todos de una u otra forma conocemos.
         Pues bien, al final de aquel desastre o del caos sin pies ni cabeza establecido, amaneció para sorpresa un Boris Yelsin, quien en medio de la francachela acostumbrada de la vodka se dio a la tarea de con otros personeros que siempre aparecen en una revolución silenciosa, a enderezar casi lo imposible, como fue acabar con el poder de aquella Duma (Congreso) y de la casta privilegiada que todo lo manejaba enriqueciéndose. Fue una obra de titanes enderezar dicho despelote plagado de disparates con máscara de ciencia fición, donde nadie sabía para dónde coger, pero como detrás de todo ello no había desaparecido una generación de tecnólogos alejada de la política y de la politiquería, trabajaron de día y de noche para empezar con la reforma del país y de sus leyes absurdas, a establecer lo que es innato con la sociedad, o sea el concepto de la propiedad y la familia, a inculcar aunque con dificultad la necesidad del trabajo y que todas esas monsergas existentes debían desaparecer por obsoletas e impracticables. Se piensa entonces en el manejo de partidos políticos como factores de un sociedad compleja y no rudimentaria, de la distribución de la riqueza que se hace a partir de cero, pues todo era del Estado, aunque ello dio ocasión al enriquecimiento ilícito de muchos y la aparición de mafias y carteles con inmensos capitales en rublos, que ahora son perseguidos por la ley, y a establecer un  nuevo Estado con las complejidades e igualdades tan difíciles de llevar a cabo en aquel país siempre asediado por problemas ancestrales de carácter interno o internacional,
         Con la sumatoria de todo cuanto obligatoriamente aporta Alemania para en la integridad recuperar la Alemania del Este (400.000 viviendas a fabricar en Rusia, cientos de miles de millones de dólares entregados, y todo el desmantelamiento de su aparato industrial, que luego es establecido atrás de los Urales, las reparaciones de guerra de países sometidos, y el absurdo Comecon obligatorio, que extorsionaba a sus vecinos satélites del área comunista, porque los rusos son muy comerciantes y no olvidan nunca el botín, la nueva Rusia bajo el comando de un experto de la extinta KGB (policía política), el señor Vladimir Putin, con mano fuerte pero dentro de un juego de negocios vigilados se ha dado a la tarea de cambiar la faz del Nuevo Imperio Ruso, esta vez a base de competencia aunque privilegiada y mediante contratos por demás ventajosos. De esta manera la Rusia del siglo XXI se abre a los negocios en todos los continentes y ahora ocupa un  lugar dentro de las grandes potencias con industrias tales como la aeroespacial, que incluye jugosos contratos con los estadounidenses, la petrolera y del gas, con la que inundan  Europa a través de tuberías de larga distancia y jugosos beneficios, la atómica, la aérea con toda suerte de aeronaves de guerra grandes, medianas y pequeñas, con material de tierra y de tecnología avanzada, y otra panoplia industrial que logra desarrollar con la intención de  adecuarse a los requerimientos internacionales.
         En cuanto a las relaciones presentes de Venezuela con el imperio Ruso debemos decir que se manejan casi  en una sola dirección, porque a pesar de la riqueza que yace subyacente en el país suramericano como una política trazada de estado “socialista”, que es como se la llama, en muchas áreas que pudieran ser desarrolladas con tecnología y mano de obra propias, no se toman en cuenta prefiriendo en el caso y dentro del plan trazado, llamar a países amigos como Rusia, para que exploten la riqueza petrolera y entreguen dividendos, porcentajes y regalías en compensación, y para luego pagar al país europeo una deuda que se agiganta en materia militar y a través de créditos acordados, con compras de aviones, helicópteros, de tanques de guerra, carros de combate, de armamentos diversos, misiles, los consabidos fusiles kalashnikov, los de mira nocturna y telescópica, granadas, bombas y otros numerosos artefactos de guerra que acaso forman parte del secreto militar y que por seguridad o  contraprestación fueron descontinuados para su venta a Venezuela por parte de Estados Unidos y otras potencias emergentes, mediante el embargo, como de repuestos incluso que en estas materias determinadas se mantiene. Todo ese aparataje guerrero adquirido desde luego no es de última generación y menos de punta, que en ello solamente llevan la delantera los Estados Unidos, pero aquí están presentes, y llegarán más, para el acoso del aparato fiscal o erario del Estado, con una deuda por generaciones que será difícil de pagar  en un país rico como es Venezuela, y para sostener una guerra de mentiras y fábulas, o de soldaditos de plomo, pues con la tecnología y los robots actuales no es necesario tener tanto cachivache obsoleto, porque las guerras en los tiempos actuales y hasta las “operaciones quirúrgicas” hasta se pueden resolver en una hora. Como me lo contaron así lo cuento.                               

domingo, 8 de mayo de 2011

DE CÓMO VIVE Y MUERE EL IMPERIO SOVIETICO.

 Amigos invisibles: En el empeño de traer para ustedes las ocurrencias de un pasado que ahora parece tragicómico, voy a hacer un poco de historia en retrospectiva para que caigan en cuenta de cómo se crea un fantasma y quién llega a engullirlo. Todo comenzó con aquellas ideas liberaloides de algunos pensadores como Hegel desfasados del medio conservador en esencia viviente, que con la cortada de cabeza del rey francés y con  la manida frase  de “liberté, egalité, fraternité” mantenida desde 1789, y creo que ustedes lo pueden traducir, salieron disparados a desgañitarse con la intención de crear  nuevas ideas políticas poco aclaradas entre revolcones de sangre, de donde aparece por los belicosos años medianeros del siglo XIX un pensador alemán todo lleno de barba y de pelo en pecho, Carlos Marx, que entre cosas que escribe para los alemanes y lo que llaman proletarios, puso en la escena de los acontecimientos un  libro capital que por sus ideas exóticas algunos legionarios del cambio lo leyeron. Desde luego que indigestos de tanto razonar poco entendible, los más ateos de aquel tiempo comienzan a equipararlo con la Biblia, pero de los desposeídos, y que se llamó sencillamente “El Capital”.
El Capital viene a ser el inicio de cierto anticristo del mundo social allá contemporáneo, que en la rochela de sus tantos seguidores, muchos sacrificados en la intentona, vino a dar guerra discursiva y de peroratas entre grupos dispersos y sindicatos sin base, con nuevos términos  acuñados como los “proletarios”, que dieron pelea continua por décadas enteras de hambre y sin rumbo fijo, hasta que aparecen unos revoltosos contra los alejados zares romanov con estas ideas desfasadas, hechas no para los campesinos mujiks sino para los obreros alemanes, todo en el mundo feudal ruso, lo que ya de por sí  fue una contradicción.
Cuando la Primera Guerra Mundial llega a su fin y todo queda a medias, los vivos alemanes para llenar un vacío de poder imperial en la Rusia zarista se recuerdan que en Suiza anda escondido de estos percances belicosos  un calvo y bigotudo orador quien poniéndose de acuerdo con los alemanes, que derrotan a Rusia, vuelve a su patria escondido en un tren sin parar y bajo secreto, como para atenuar las iras antiprusianas del zarismo y su  mullida corte, pero agarrando el toro por los cuernos el vivazo de  Vladimir Lenin con la lengua suelta que tiene y en eso son expertos este tipo de oradores que algunos llaman encantadores de serpientes, de donde a poco trama la orquesta para derribar dando muerte la dinastía zarista, después a un  iluso grupo liberal republicano, con  Kerensky a la cabeza, y luego le corta la alba testa a los llamados rusos blancos, defensores del zar, adueñándose así de un  inmenso imperio y territorio de analfabetos miserables, casi vivientes en condiciones infrahumanas, para instaurar el comunismo, en medio de aquel vasto enigma donde con prontitud comienza la represión, el trabajo forzoso pero faraónico y la esperanza de un mundo mejor, lo que nunca cambió.
     Con Lenín aparecieron muchos dirigentes y sombríos personajes, que a la muerte del líder de la manera más atroz se cortaron entre sí los buenos modales, emergiendo por ello desaguisados esclavistas pero con atinados manejos de lo mediático contrario, que de un principio supieron utilizar a las anchas en un país el más extenso del mundo, sojuzgando pueblos coloniales de diversas razas y creencias, incluidas religiosas, que prohíben y persiguen desde luego, para instaurar el nuevo imperio bajo la cabeza de un georgiano borracho al que llaman Stalin y de un policía asesino sin piedad, que en medio del temor pavoroso nombraban  Laurenti Beria.
    Vino la Segunda Guerra Mundial y la muerte de 14 millones de rusos, y porque lo alemanes en la estrategia occidental fueron obligados a sostener cuatro frentes guerreros, aunado  a ello un invierno intensísimo que acaba con sus tropas, como bien lo declara el mariscal Zhukov, obligan a Hitler a pegarse un tiro y a que los rusos lleguen hasta el centro de Europa, por arte de suerte y represión pero sin saber porqué.
Así las cosas la Unión Soviética, con el rimbombante y pomposo nombre “socialista” creado con anticipación para engullir muchos países, al acabar con la disidencia y hasta los esclavos tomados en la guerra (del Gulag, de Siberia, de los 15.000 oficiales polacos ejecutados en Katyn, de los 300.000 italianos muertos atrás de los Urales, etc.,cosas de que no hay tiempo de escribir), con la fuerza amañada que tiene en el Este de Europa y sendas elecciones “democráticas” y perversas que desde luego con la trampa o el terror ganan a las anchas, sin  chistar, se hacen dueños de todo el Este europeo, o sea de una docena países, y más, subyugados bajo la bota de hierro, la miseria, la explotación y lo engañoso, durante 45 años, a lo que se suman todas las comunidades o países asiáticos, en mayoría de origen musulmán, desde tiempos del inescrupuloso reinado zarista.
Pero aquello era imposible de subsistir, aquella cortina de hierro como la tilda Churchill, con instituciones arcaicas, contradictorias, dictatoriales por esencia, con inmensos dispendios en su mantenimiento, con las ideas absurdas de una economía dirigida e igualitarista, pero no para los rusos dirigentes, que con seguridad iban a dar al traste con  aquel carnaval económico, donde el aparato externo y el sostén de títeres como Cuba y en cierto modo China, si es posible decirlo, dieron al traste con aquel sueño irrealizable, aunque todavía algún trasnochado ande bajo el encanto de “pajaritos preñados”, como se aclara en Venezuela. A cada cochino le llega su sábado, también alegan jocosamente los carniceros de Caracas.
Pues bien, el final triste de este cuento de hadas, o mejor, de Alí Babá y los 40 ladrones, que aguanta renqueando por 75 años con los guisos que se cocinaban, se vino abajo como cuando uno despierta de una pesadilla, pues luego de las bravuconadas de  Nikita Kruschew con sus misiles frente a Washington y el zapateo en  la tarima de la ONU, por fin aparece un alto jerarca que vio lo imposible y lo artificial de aquel sistema absurdo, rodeado de pobreza extrema, aunque con una casta gobernante tipo VIP,  que tratando de enderezar entuertos o de atar perros con longanizas, como se aduce en La Mancha, con unos tales Glasnost y Perestroika entreverados no pudo más sostener el adefesio y de las noche a la mañana  sin disparar un  solo tiro dentro de  una implosión inigualable se
vino a tierra aquel castillo de naipes que a las trancas despóticas subsistió y que nadie llorara en el abismo de su deceso.
Por allí aún andan plañideros con ganas de sacar provecho a estas cuitas, pero sobre ello es mejor contar una de vaqueros, porque en el fondo ni ellos mismos se lo creen, pero no renuncian  a la tarifa salarial que aún  mantienen. Cierro el blog manifestando que dos personas acabaron con ese vacilón de la Unión Soviética, y aunque ustedes pueden conocerlas las dejo aquí sentadas para la Historia: Mijail Gorbachov y el papa polaco Juan Pablo II, Pero esto es  harina de otro costal.